Julia Navarro
La fiesta de todos
Decía don Fernando Lázaro Carreter que “las palabras quieren decir lo que dicen”. Por eso, en su recuerdo y memoria, la Universidad de Salamanca publicó un libro titulado nada menos que “Palabras, norma, discurso” que reúne ochenta artículos de destacadísimos filólogos y lingüistas para explicarlo. Se abre esta obra colectiva con dos aportaciones de carácter más personal, que glosan la enorme labor realizada por el homenajeado en la Real Academia de la Lengua, y en la Facultad salmantina de Filosofía y Letras, a cargo de Víctor García de la Concha y José Antonio Pascual, respectivamente. Los restantes ochenta y ocho artículos son de contenido rigurosamente filológico y tratan de abarcar los campos en que Lázaro trabajó a lo largo de su vida: La morfología, la sintaxis, la lexicología y lexicografía, los estudios contextuales, la lingüística histórica y sociolingüística. Y, fieles al carácter innovador homenajeado, se incluyen artículos referidos a la peritación lingüística, a las metáforas y el valor del silencio en el lenguaje Para facilitar la consulta de tan amplia obra se añaden completos y detallados índices.
Este preámbulo viene a cuenta en la sesión de control al Gobierno en el Congreso, donde Nogueras, portavoz de Junts, ha echado en cara al presidente que gobierna "de espaldas al Parlamento”, bloquea las leyes que aprueban en la Cámara e impulsa una regularización masiva de inmigrantes que no se hace en otros países de la Unión Europea. La portavoz de Junts, que ahora mismo anda algo esquiva dentro de su respaldo al Gobierno de mayoría social de progreso que dice Sánchez, tuvo que escuchar la respuesta de éste, quien dijo: "¿Qué problema tienen en que se reconozcan derechos a quien vive aquí y contribuye al crecimiento económico del país?", en forma de pregunta para que añadir que su Gobierno "va a reconocer derechos y a hacer de España y Cataluña países mejores". O sea, que son dos países diferentes, si es verdad aquello de que las palabras quieren decir lo que dicen.
Decía Lázaro Carreter la importancia de la palabra como herramienta de comunicación. Su enfoque se centraba en la interpretación del texto y la comprensión del receptor. O sea, la intención de lo que se quiere decir cuando se dice. Distinguía don Lázaro el “intento auctoris” y el “intento lectoris”, con referencia al texto, o sea, lo que uno quiere decir y lo que los otros interpretamos. Claro que Carreter fue firme defensor de la necesidad de valorar y analizar el lenguaje en su contexto histórico y cultural. Trayendo el asunto a nuestro riego, ¿entiende Sánchez que Cataluña y España son países diferentes en toda su extensión, pero que él los beneficia por igual porque son cosas distintas?
La Real Academia de la Lengua Española define la palabra país como “Territorio constituido en Estado soberano” (y los sinónimos patria, estado, nación, reino, república). Otra acepción es “Territorio, con características geográficas y culturales propias, que puede constituir una entidad política dentro de un Estado” y “Conjunto de los habitantes de un país”. ¿A cuál es estos tres conceptos se refería el doctor Sánchez? Porque una cosa es un concepto geográfico y otra el sentido político. Más claro parece tenerlo en ese sentido Zapatero, quien repetidamente ha postulado que se debe reconocer de una vez, a todos los efectos a Cataluña como nación, para construir un estado asimétrico como quería su amigo Maragall.
Estos mismos días, otro miembro relevante del PSOE, también catalán, Josep Borrell ex ministro y representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, en una entrevista en un conocido programa de radio, reconocía la incongruencia que supone que la estabilidad misma del Estado descanse en estos momentos en dos personajes, también catalanes, responsables de la mayor crisis que ha sufrido la democracia española en su historia reciente. Y añadía que ambos habían manifestado que estaba dispuestos a repetir sus actos. Se refería a Puigdemont y a Junqueras, de Junts y ERC. Si bien es cierto que la sintonía de Sánchez con ambos tiene diversas disonancias dentro de la melodía final que bloquea los presupuestos y que, netamente el primero, sigue una política enfrentada a aspectos substanciales del Gobierno. Pero ello no impide una especial sensibilidad y compromiso de Sánchez con –anotamos sus palabras—con el “país de ambos”, al que dedica tantas atenciones como a ese otro país diferente que se llama España.
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