José Teo Andrés
El tirano y el emperador
Hay para todo en la opinión pública internacional y española. Para unos, como en este caso, “El fin justifica los medios”. Otros consideran que lo que ha hecho Estados Unidos es una agresión más de las que jalonan su historia contra el Derecho Internacional. Unos se alzan indignados con energía, como los consocios del doctor Sánchez, con una fuerza que no exhibieron, ni siquiera formalmente cuando., el sucesor del tan admirado Chávez, que deleitaba a Yolanda Díaz, se hizo con el poder falseando las elecciones, de modo que la Unión Europea, y la propia España, no lo reconocieron como ganador. Pero la evidencia, triste evidencia, de que el Derecho Internacional no existe, existen las cañoneras, como dijera en su día Théodore Orban, y no el profesor Barcia Trelles, como se le atribuye.
El constitucionalista Pablo Rodríguez se pregunta en un memorable trabajo si existe en nuestro tiempo o si tiene alguna efectividad el Derecho Internacional. Y sitúa su reflexión e partir de 2001 y los inmediatamente anteriores acontecimientos mundiales, subrayando lo ocurrido aquel 11 de septiembre y sus efectos en los Estados Unidos. Pero añade que desde la caída del muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética, el mundo cambió radicalmente. El bipolarismo que caracterizó la guerra fría y que puso al mundo varias veces al borde del holocausto atómico, fue sustituido por el dominio sin contrapeso de Norteamérica, potencia que, a partir de entonces, ha ejercido el papel de guardián o policía universal.
Otros autores sitúan antes ese papel con respecto a Centro y Sudamérica, conforme la vieja doctrina de Monroe, que Trump parece haber colocado en el pedestal de sus objetivos, lo que incluye a Canadá y hasta quiere llevar a Groenlandia. Y por el otro lado, Putin quiere ir recuperando la extensión de la fenecida Unión Soviética, sobre todo si le sale bien lo de Ucrania. Y ante estas evidencias, ¿sirven para algo las Naciones Unidas y las conferencias y tratados de paz? ¿Y qué pito toca la vieja Europa en este concierto? Se queja el profesor Rodríguez de que no nos hemos dado cuenta de que vivíamos un espejismo.
Todo sistema jurídico, y el orden mundial sustentado en la Carta de las Naciones Unidas, requiere, para ser eficaz y que se cumplan las normas que lo integran disponer de elementos para imponerse. Pero la realidad es otra. Se invoca ese respeto a las normas, a las actuaciones personales morales y poco más. La realidad es que en su área de influencia o en las zonas donde tiene a sus protegidos, como el Estado de Israel, Estados Unidos ha tomado partido conforme a sus propios intereses, mientras Rusia hace lo propio en la parte de Europa donde quiere recuperar el terreno perdido, o la misma China con respecto a la isla de Formosa. Y todo ello al precio que sea.
¿Pero cómo refundar o rehabilitar el Derecho Internacional para que sirva para algo? El fundamento del denominado “Derecho de Gentes”, se fundamentaba en la razón, la equidad natural, y arbitrio positivo, y el compromiso de las naciones de regular sus relaciones sobre esos principios y pactos, concretados en los acuerdos básicos, como la ya citada carta de las Naciones Unidas. Los más pesimistas lo reducen todo a una ilusión a una utopía. En el caso al que asistimos de la captura, anuncio de proceso, y acción militar contra, en todo caso, un Estado soberano, sin ni siquiera declaración de guerra, ha provocado, en sentido general, la reacción de condena por la evidencia de que viola principios fundamentales de la Carta de la ONU, como la soberanía nacional y el derecho a la no intervención. Y ello aparte de que, la misma comunidad internacional ha cuestionado la legitimidad democrática de Maduro. En España, el ex presidente Zapatero, aparte de actuar como cónsul del chavismo, ha llegado a indicar que, a su juicio el asunto es completo y que su amigo “ha ganado muchas elecciones”. Y por eso guardó estruendoso silencio cuando quedó claro el fraude de las últimas elecciones, la represión de la oposición y ha lanzado al exilio a miles de venezolanos, que hoy es una de las naciones con más exiliados del mundo. Sólo en España residen medio millón de ellos.
La única esperanza es que se produzca una transición pacífica hacia la democracia; pero el chavismo es un estructura sólida, extendida, sostenida, entre otros soportes corruptos por un ejército eficaz en la represión de su propio pueblo. No va a ser fácil. Los analistas van más allá y apuntan, si se confirma la caída del chavismo, el efecto dominó con Cuba y Nicaragua, especialmente la primera, privada del apoyo venezolano que sostiene su precaria economía.
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