Defendiendo “la cosa”

Publicado: 16 nov 2012 - 01:00 Actualizado: 10 feb 2014 - 12:48

A Markel Susaeta se lo han comido vivo por su inconveniente decisión de llamarle “la cosa” no sólo a la camiseta roja de la selección nacional de fútbol con la que Del Bosque le ha hecho debutar en este bolo panameño, sino al país que esta elástica representa. El jugador del Athletic no ha cumplido aún veinte años y a esa edad uno no ha desarrollado todavía el grado de experiencia que se necesita para lidiar con acierto y cintura estas situaciones tan equívocas y aparentemente contrapuestas a las que llevan enfrentándose desde hace años muchos futbolistas vascos y catalanes a los que, bien sus propios planteamientos bien las exigencias de su propio entorno en esta materia, invitan a desvincularse emocionalmente del concepto de equipo y nación común aceptado con perfecta naturalidad por el resto de sus compañeros. Para ese resto de compañeros, reconocerse españoles e integrantes de la selección española no sólo no representa problema alguno sino que suele significar un orgullo muy hondo pero Susaeta está en el otro apartado, es debutante y se fue el hombre el otro día a una rueda de prensa y la lío parda. A buenas horas, Piqué o Zubizarreta hubieran sido cazados en semejante e incómoda postura.

La respuesta no tiene tanta trascendencia como en algunas publicaciones se le ha otorgado. O al menos no representa nada que pueda sorprendernos demasiado conociendo como se conoce la alergia que produce cualquier referencia a lo español expresada en esos feudos donde domina el nacionalismo. Pero si alguien en la expedición española hubiera tenido un poco de sentido común hubiera aconsejado que Susaeta no compareciera a estas citas hasta no estar más hecho y hasta no automatizar mejor los mecanismos que pueden ponerle a salvo de la polémica sin que se note demasiado. Hay que estar más listo, más rodado y más habituado a aplicar recursos que, una vez conocido el percal, salen solos. El caso es que Susaeta debutó con “la cosa” y marcó su golito en favor de “la cosa”. “La cosa” le va a pagar tan divinamente esta ridícula excursión a Panamá en mitad del curso y le permite además conocer mundo. Bien mirado, no está tan mal jugar con “la cosa”.

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