Debord, Atxaga y el Arnoia

Publicado: 11 mar 2025 - 03:00

De entre los legados dispares que dejó el cambio en la política y la economía, en la cultura y las costumbres, iniciado con el final de la Segunda Guerra Mundial y que tendría en mayo del 68, y en París, su más rutilante escaparate, un nombre propio se mantiene con sorprendente vigencia. Se trata de Guy Debord (1931-1994), el activista revolucionario de vida acelerada y mensajes luminosos, “como el rayo que burla la noche”. A Debord, alma de la Internacional Situacionista –apenas un reducido grupo de alborotadores de la inteligencia-, se le lee y cita, aunque quizá nunca acabemos de entenderle del todo. Formó junto al belga Raoul Vaneigem o el profesor Henri Lefebvre y otros compañeros de la diáspora marxista, la punta de lanza del pensamiento crítico. La enajenación individual y colectiva, producto del consumo incesante y el dominio de la mercancía como esencia de la “sociedad del espectáculo”, fue su escogido campo para la batalla. La intuición política de Debord, lo escribió Vila-Matas, además de llena de sobria belleza, estuvo muy alejada de cualquier otro pensamiento intelectual.

Hace unos meses terminé un libro mío que se abría con una cita de Debord: “Hablaré sobre lo que he amado”. El libro en cuestión se lo hice llegar a varias personas a las que dedicaba algunas páginas en el texto. Una de ellas, el escritor Bernardo Atxaga, me contestó al poco tiempo. No había pasado por alto la cita ni alguna referencia más a Debord que el libro incluía. “Sin entenderlo del todo”, me decía, había leído durante su “mili” la primera edición en castellano de “La sociedad del espectáculo”, publicada en 1976. Estos días, llegó a mis manos un librito de Atxaga. Hace tiempo que hago lo posible porque sus libros se me acerquen. Hay en ellos una vocación de honestidad y sencillez que, a estas alturas, me limpia y resulta reparadora. El librito en cuestión, “Horas extras”, de 1997, que casi leí mientras apuraba un godello junto al Arnoia severo, dedicaba un espacio a Debord y al “renovado interés en sus teorías”.

El situacionista Debord tuvo, a lo largo de su vida de cometa brillante y fugaz, una inteligencia afilada para penetrar en la esencia de lo que nos pasa: la confluencia de la tecnología incesantemente renovada, la fusión de intereses entre la economía y el Estado, el secreto como práctica habitual de ocultamiento, la falsedad sin réplica y el perpetuo presente. Leer a Debord, quizá acabar de entenderlo, es escuchar un habla de matiz sentencioso y profético que recuerda al Manifiesto de Marx y Engels. “La sociedad del espectáculo es el reinado autocrático de la economía mercantil”.

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