Rafael Torres
La eutanasia de Noelia
El asunto éste de la flotilla solidaria con Palestina, su detención y retorno triunfal –y adecuadamente explotado, ahora toca llenar espacios televisivos—de sus tripulantes; la reacción de solidaridad desarrollada en España y otros lugares del mundo, la postura oficial del Gobierno, desconocida en otras ocasiones que también la merecían y otros casos, perfilan la conveniencia de centrarlo. Ver al ex etarra Arnaldo Otegi clamando a favor de los niños palestinos, como antiguo miembro de una organización terrorista que asesinó a unos cuantos, resulta indecente. Por no decir que se envíe un barco de guerra como protección a una expedición con dos etarras, o que destace la bandera independentista de Cataluña o a la mismísima Ada Colau, que, siendo alcaldesa de Barcelona, expulsó al Ejército del Salón de la Enseñanza. Por la paradoja de la enseña del movimiento LGYBIq, lo que dio lugar a un chiste de mal gusto, sobre el desembarco de esta bandera en Gaza y como tratan allí a los portadores.
Luego, ver a los pacifistas de Podemos y Sumar exigiendo que el modesto buque enviado por España se enfrentara (se supone que a cañonazos) con la marina israelita, se sale del marco. Y si faltara algo, algo curioso, hasta el armamento del “Furor” está montado con la colaboración de una empresa judía. Y por último, cabe preguntarse de dónde ha salido tal profusión de banderas palestinas de modo tan inmediato, como un milagro del marketing previsible, a no ser que se contara de antemano con lo que estamos viendo. Podemos, Sumar y otros socios del Gobierno de Pedro Sánchez consideran que Israel es un “Esto terrorista”, ¿lo comparte el PSOE? Y hasta en San Mames, donde no se recuerda homenaje alguno a las víctimas de ETA, se ha rendido homenaje a las de Palestina (pero no a las de Israel)
A todo ello se suma la manipulación y la abstracción del origen del conflicto mismo y el directo amparo de que determinados hechos y lo que se dice viene a generar una especia de amparo a una organización yihadista y filoterrotista como es Hamas, que no reconoce a la Autoridad Nacional Palestina y que se enfrentó a la Organización de Liberación de Palestina y a su brazo principal Fatah, a quienes expulsó de la franja de Gaza. Ciertamente, la reacción de Netanyahu rebasa todos los límites de una acción de guerra, al producir a la población civil, especialmente a los niños, unos efectos de crueldad de consecuencias que remueven toda conciencia humana. Y que debe cesar, sin duda. ¿Y Hamas?
¿Pero hemos olvidado cómo comenzó todo? El 7 de octubre de 2023 Hamas lanzó 5.000 misiles sobre el territorio israelí y seguidamente, sus fedayines entraron en esta zona causando 1.400 muertos. Los milicianos asesinaron sin piedad a niños en sus cunas, según el espeluznante relato de la BBC y secuestraron a 200 personas, además de mutilar salvajemente a otras. Los periodistas que siguieron el ataque testificaron ver muerta a una mujer embarazada a la que arrancaron el feto del vientre. Tras traspasar la barre Gaza-Israel los milicianos masacraron a civiles en las comunidades israelíes vecinas, principalmente kibutzim, así como en el festival de música. Nova, que inicialmente no estaba entre los objetivos, fue el más mortífero de la historia de Israel.
Hamas declararía que este ataque se había preparado dos años atrás. Los cien milicianos que se dirigía a la ciudad de Netivot se equivocaron en un cruce y fueron a dar a una rave al aire libre cerca de la localidad de Reim. En ese momento, había en el festival Nova unas 3500 personas. Esta acción segó la vida de 344 civiles y 34 militares, y fue el más mortífero de la historia de Israel. 171 de los civiles fueron asesinados en la propia fiesta, mientras que el resto lograron huir inicialmente para ser abatidos poco después en otras partes de la zona fronteriza. La reacción de estos ataques al territorio de Israel fue la que cabía de esperar, y con independencia de que el mundo critique, rechace, se conmueve y exija que Israel no siga castigando al pueblo palestino del modo que lo ha hecho y sus terribles efectos sobre la población inocente, a la que causa muerte, dolor y hambruna, conviene no olvidar cómo quién y de qué modo comenzó este conflicto.
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