Ramón Pastrana
A devolver
Fue durante la última semana del recién terminado mes de febrero, que se recordó como hace cuarenta y cinco años el teniente coronel Antonio Tejero y el teniente general Jaime Milans del Bosch fueron los protagonistas de un intento de golpe de estado que solamente quedó en intento.
Lo que aconteció durante aquellas jornadas que se hicieron eternas por estar los diputados electos y el Gobierno encerrados en el Congreso es del dominio público puesto que se han editado muchos libros que tratan el tema con cierto detalle.
Sin embargo, la confusión persiste puesto que lo que en aquella ocasión ocurrió no ha sido totalmente aclarado.
Y precisamente porque la confusión persiste hubo un tiempo en que se difundió una versión que hoy en día muchos dan por válida.
Una versión que señala al rey emérito Juan Carlos I como principal instigador de un golpe, acusándolo de haber animado a los altos jefes de las Fuerzas Armadas para que impusieran un gobierno dictatorial en el que el monarca tendría los poderes propios de un monarca absoluto.
Esa es la razón por la cual durante la última semana del pasado mes de febrero se insistió en que había que desclasificar todos los documentos que tienen relación con el 23F
A toda costa se intentaba probar que el monarca emérito fue el único responsable y no solamente eso, sino que, en el último instante, traicionó a sus fieles seguidores dejándolos no solamente en ridículo sino metiéndolos en la cárcel.
¿Qué fue lo que en realidad ocurrió durante aquellas horas en que la democracia parecía estar herida de muerte?
Ciertamente que no todo se puede probar puesto que son tantas y tan variadas las circunstancias que rodean un acontecimiento que llega el momento en que ya nada nos sorprende.
Un viejo principio jurídico que suele aplicarse de manera especial en Derecho Penal nos dice que -ante la confusión reinante, la confesión es la madre de las pruebas.
Y en el caso concreto del 23F tenemos la confesión nada menos que del principal protagonista: Juan Carlos de Borbón y Borbón.
En sus Memorias, que llevan por título “Reconciliación” el rey emérito confiesa lo que él vivió y que -en caso de no ser mentira- es la única versión verdadera.
Enfundado con la chaqueta de capitán general, el rey pronunció un sobrio discurso de noventa minutos. Citamos textualmente:
“…militares desconcertados querían órdenes de su jefe. Yo era un rey constitucional que sobre todo era el jefe de las Fuerzas Armadas, además de su antiguo compañero de armas, y había sido nombrado por Franco. Tenía toda la legitimidad y se lo dejé claro a los interesados…Mi autoridad no podía ser cuestionada; era lo único que me quedaba. Mantuve un tono tranquilo y firme. Me encontraba en grado de tensión extrema, pero no tenia tiempo para perder con miramientos…Nunca he sido tan autoritario en mi vida. Ni siquiera creía ser capaz de ello…Intenté demostrar, a todos con quienes hablé, que era yo quien controlaba la situación” (Reconciliación. Planeta. Páginas 295 a 297)
Según reconoce el rey emérito, de los once capitanes generales, la mitad apoyaba la rebelión que no se atrevía a desobedecer.
A confesión de parte, relevo de prueba. Y si Juan Carlos está diciendo la verdad en sus memorias, no nos cabe la menor duda de que fue él, solamente él, quien salvó la democracia.
No obstante, al hurgar entre viejos documentos de aquellos días se pretendió inculpar al rey de lo ocurrido.
Reconocemos que Juan Carlos, como cualquier ser humano, tiene defectos e incluso algunos detalles de su vida personal dejan mucho que desear.
Ahora bien, el hecho de que se pretenda enlodarlo no va tanto en contra de un personaje a quien el actual sistema le debe todo.
El hecho de que se pretenda enlodarlo no es una maniobra dirigida contra Juan Carlos sino más bien contra la Monarquía Constitucional que sujetos extremistas pretender destruir para llevar agua a su molino.
La Corona está en la mira. Pretenden destruirla a como dé lugar.
Y tanto lo del 23F como otras anécdotas personales del emérito son pretextos utilizados para derribar una institución milenaria.
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