Conversaciones partidistas

Publicado: 31 oct 2026 - 01:36
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Opinión. | Atlántico

Es triste que a los periodistas no se nos valore por nuestra necesaria presencia social y que se acuda a nosotros solo cuando se nos necesita. Eso es lo que le ocurre al botarate del ministro Puente, que en sus redes sociales se ha hinchado de proclamar la truculenta misión de los profesionales de la información a los que ha denominado “la fachosfera” cuando se producía algún brote de desafecto, hasta que ha necesitado tirar de los afines para colar los retazos necesarios de una conversación entre la maquinista de unos de los trenes siniestrados y la sala de control de Atocha que sirve para inculpar a uno de sus controladores, del que se desliza en esas frases el nombre de Martín, para que triunfe la tesis del error humano único, cometido por uno de los últimos eslabones de la cadena que libra a la Administración de los ominosos cargos de mantener sistemas obsoletos, agobio y presión añadida en el desempeño del trabajo de las plantillas del sistema de ferrocarriles nacionales, abandono en el mantenimiento, falta de la inversión para mejoras adecuadas, e infraestructuras decrépitas que son las que le acusan a él y a todo su entorno de descuido, vagancia, incompetencia, desorden, ignorancia y desidia si es que las acusaciones no van aún más allá y comenzamos a saber más cosas de las que ya sabemos. Conviene no olvidar que su antecesor en el cargo que hoy ostenta Óscar Puente está en la cárcel junto con su colaborador más directo, del que conviene recordar también que ocupó durante no poco tiempo un cargo de consejero de Renfe mientras amañaba contratados en favor del clan del que formaba parte, contratos que concedía el ministerio.

Esas conversaciones incompletas y convenientemente escogidas que de manera interesada el ministerio de Transportes ha filtrado a “El País” y la cadena “SER”, constituyen una muestra más de la vileza y el deshonor que está presidiendo el comportamiento de un Gobierno agonizante cuya etapa final ya no es solo dramática por sí y sus esclavitudes y carencias, sino por un comportamiento del que habrán de responder en un futuro incluso penalmente.

Y los que vengan, que se lo apunten y se lo apliquen para no caer en lo mismo. Ojo con ello.

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