Rafael Torres
La eutanasia de Noelia
Cuenta una leyenda que apareció cierto monje en los albores del mundo con una habilidad única que le permitió desarrollar una nueva energía revolucionaria para motorizar la humanidad. Como el descubrimiento del fuego. Esta capacidad sin igual le permitió conseguir hazañas formidables. Pero, cuando su final se acercaba, se dio cuenta de que algo tan grandioso no podía ser heredado por un solo individuo. Por eso, dividió su extraordinario poder en nueve partes y lo distribuyó entre otros tantos animales para que pudieran difundirlo por todos los rincones. Le llamaban Sabio de los seis caminos.
Y como la historia es cíclica, el cuento se repite. Porque Iago Aspas también es un mito cuyo descomunal legado en el Celta es imposible de asumir por una sola persona. Porque, pese a ello, hay un prometedor grupo de jóvenes capaz de heredarlo conjuntamente. Y porque un final también puede ser un principio.
La vida es así. Los años pasan para todos. También para las leyendas. Probablemente, la renovación que el fenómeno morracense firmó hace un par de meses sea la última. Con eso en mente, estaría bien que todo el mundo se fuera preparando para disfrutar, paladear y grabar en la memoria el último año de Aspas en el Celta. Y también, para lo que vendrá después.
Por calidad y por cantidad parece imposible replicar al moañés. El fútbol actual pone muy complicado que el club vigués pueda preservar un talento de semejante dimensión tantos años. Incluso el del propio Sabio de los seis caminos celeste necesitó de un par de experiencias mejorables lejos de aquí para que se produjese su vuelta.
Así pues, la gigantesca historia que entregará Aspas será una herencia indivisa. Un proindiviso. Esto significa que recaerá sobre un grupo en forma de comunidad de bienes. Un condominio. Así, en grupo, será más asumible soportar el mastodóntico peso de un relevo así.
Para asumirlo se están preparando los canteranos Javi Rodríguez, Hugo Álvarez, Damián Rodríguez, Hugo Sotelo, Sergio Carreira, Carlos Domínguez o Fer López. Los también jóvenes Pablo Durán o Williot Swedberg. Sin perder de vista a los que vienen de abajo o los que apoyan arriba, con Claudio Giráldez de guía. Son los cimientos del futuro. Y del presente. Porque, casi sin querer, ya no es el mismo drama de antes que no juegue el moañés -aunque mejor, siempre en el campo-. Su legado, igual que el del Sabio de los seis caminos, será un condominio. Y quedará en buenas manos. Hay que disfrutarlo hasta entonces.
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