Rafael Torres
La eutanasia de Noelia
De no haber fallecido el pasado 12 de mayo de 2025, el día 20 de este mes, José Mújica habría cumplido 90 años. Mucho y muy elogiosamente se ha hablado y escrito de él, considerándolo un ejemplo de humildad y un ejemplo no sólo para la izquierda iberoamericana sino para todos los gobernantes del mundo. Pero en pocas ocasiones se ha realizado un retrato completo del antiguo guerrillero tupamaro y su propia intervención en actos terroristas y violentos en la historia de Uruguay, como si siempre hubiera sido un ejemplar demócrata. Cierto que en la segunda parte de su vida entendió el valor de la democracia y el pacifismo. Vivía de modo austero en todos los sentidos. En todos.
Curiosamente, nadie a dedicado más elogios y sentido más la muerte de Mújica en Europa que Arnaldo Otegi, quien hace años mantuviera una reunión de dos horas en la conocida como La Chacra, en las afueras de Montevideo. El dirigente de Bildu dijo al salir: “Han sido dos horas en los que hemos hablado de la vida. Hemos aprendido de dos grandes sabios”. Para el ex etarra Mújica era un referente y un ejemplo y aprovechara para visitarlo en un congreso del Movimiento de Participación Popular, una de las formaciones políticas que integra el Frente Amplio de Uruguay, del que era militante su anfitrión. Conviene recordar la estrecha relación que Mújica mantenía con Bildu. El ex presidente uruguayo llegó a celebrar su 80 cumpleaños en el País Vasco, y la región de sus antepasados, donde los candidatos de la coalición independentista a las elecciones municipales le cantaron en vasco el “Zurionak zuri” y se hicieron una foto con él. Luego destacaron las coincidencias entre el pensamiento y la vida de Mújica y sus propias ideas.
Campesino y cultivador de flores, fue presidente de su país desde el primero de marzo de 2010 a la misma fecha de 2015. Desde muy joven, y en circunstancias especialmente adversas, en la década de los sesenta se unió al Movimiento de Liberación Nacional – Tupamaros, un grupo guerrillero urbano de inspiración marxista-leninista que buscaba instaurar un estado socialista mediante la lucha armada, influenciados por la Revolución Cubana. Los tupamaros eran una guerrilla muy activa, que durante su existencia cometió a saltos a bancos, atentados con explosivos, secuestros, extorsiones y asesinatos. Era muy activo en ese sentido. Fue detenido y sufrió prisión entre 1972 y 1985, durante la dictadura militar de su país.
El 14 de abril de 1972 Jose Mújica se encontraba parapetado en la azotea de un templo metodista ubicado en la Avenida de los Constituyentes casi esquina Javier Barrios y Amorin en el barrio de Punta Carretas de Montevideo, acompañado de otros integrantes del Frente de Liberación Nacional (Tupamaros). Se llamaban Alicia Reis Morales, Hector Amodio Perez y Lucia Topolansky. Iban fuertemente armados con metralletas. Al frente de su posición se encontraba el domicilio, una vieja casona, del profesor Armando Costa, rector de la Universidad. El relato de lo ocurrido señala que, a las nueve de la mañana, tan pronto Acosta salió a la calle, el comando de Mújica disparó a mansalva de ráfagas sobre él. La emboscada estaba muy bien preparada. Y tal como lo registra el doctor Julio M. Sanguinetti (“La caida de una democracia", Editorial Taurus, diciembre 2008) restos de sangre del Profesor Acosta y Lara quedaron estampados contra la pared del frente de aquella vieja casa.
Por eso, su estilo de vida, tras su pasado, es un caso de reconocimiento del valor de la democracia. Se ha dicho de él que fue “el jefe de Estado más humilde del mundo”, debido a su estilo de vida austero y su donación de alrededor del 90 % de su salario mensual de doce mil dólares a organizaciones benéficas que favorecen a los pobres y a los pequeños empresarios. Incluso fue considerado por el Times Higher Education como un filósofo de un modelo de vida. De todos modos, en España no gustó nada, especialmente a los familiares de las víctimas del terrorismo etarra, la cordialidad con que recibió al dirigente de Bildu Arnaldo Otegi, lo que hizo que se recordara la coincidencia del pasado de ambos, y salieran a relucir, sobre todo en algunos países, como Argentina, el recuerdo del Mújica tupamaro.
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