Rafael Torres
La eutanasia de Noelia
Comentaba hace algún tiempo que Vigo no ha tenido suerte con el cine y salvo algunas excepciones (la más curiosa, una historia de aventuras juveniles con las Cíes de telón de fondo), la imagen de la ciudad no sale bien parada.
El caso más famoso quizá sea “Los lunes al sol”, una comedia amarga donde Vigo es un lugar de desolación, paro y olvido, sin esperanza, con la icónica escena final que resume casi todo. Ahora toca “Romería”, que no es sino la visión personal de la directora Carla Simón sobre la vida de sus padres, con Vigo de nuevo de protagonista absoluto. Lleno total en el preestreno en el Auditorio de Beiramar, con Bruja Avería de nuevo saliendo de su retiro baionés, presencia de representantes de todas las instituciones y mucha bola por parte de los medios de comunicación, este incluido. El resultado, pues lo esperado: una historia dura en el Vigo de los ochenta, muy underground, con droga y desesperación a puñados. Es una visión de la directora que coincide con su historia personal y por ese lado no hay mucho que añadir.
Pero los 80 fueron para Vigo mucho más que la reconversión industrial que llevó al cierre empresas de lustre como Álvarez, con miles de empleados, o el más moderno de los astilleros de entonces, Ascon, en Teis, que fue quizá el símbolo del desastre laboral e inspiró a “Los lunes al sol”. Fue aquella década ochentera también la del renacimiento cultural y la famosa Movida, que llevó el nombre de Vigo por toda España gracias a una serie inabarcable de grupos capaces de conquistar el mercado nacional con calidad y originalidad, desde Resentidos a Golpes Bajos, y un largo etcétera. Fue además el momento de las revistas de moda, el de los locales nocturnos que rememoraban el Soho e incluso el despertar de la ciudad, que comenzó a transformarse en un espacio urbano de mayor calidad, más allá de su perfil industrial y trabajador. Todavía hay una película pendiente.
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