Manuel Orío
Solo cincuenta años
En todas las guerras las trastiendas en las que se mueven los servicios de información y desinformación son reductos imprescindibles para atizar al enemigo y perseguir la victoria. En esta también, y no hay día que no nos enfrentemos a dos noticias completamente diferentes sobre un tema recurrente como debió pasar en la II Guerra Mundial, por ejemplo con la famosa historia del cadáver del oficial británico flotando en una playa de Huelva con una cartera de documentos falsos atada a la muñeca. Aquella operación acabó conociéndose como “The man who never was” y ayer sin ir más lejos, supimos por un lado que Israel se pavoneaba de haber acabado con la vida de la máxima jerarquía de la Guardia Revolucionaria en la Armada iraní, y por el otro esa misma Armada negaba este episodio y lo aderezaba con una nueva alusión el presidente Pedro Sánchez con cuyo retrato los artilleros han decorado los misiles camino de Tel-Aviv y al que saludan con un sentido mensaje: “todo lo que venga de parte de Madrid será muy bienvenido”, que uno no sabe si tomárselo como un elogio o como una maldición bíblica. Sánchez sabrá cómo se lo toma.
Yo lo único que sé es que hace unos días las redes me trajeron una fotografía de los años setenta del siglo pasado en la que una guapísima azafata de las líneas aéreas de Irán posaba radiante y con una sonrisa de oreja a oreja a los pies de la escalerilla de acceso a un aparato, con una espléndida figura, blusa tensa, manga corta, melena al viento bajo el breve tocado de su uniforme y luciendo su minifalda, justo todo lo contrario a la aterradora apariencia que están obligadas a utilizar las jóvenes de su edad ahora desde que se impuso el régimen de la revolución religiosa y que con el nombre de Alá por bandera ha devuelto al país a las infernales catacumbas del horror, la oscuridad, la incultura y la más cruel y salvaje intolerancia. Que hace medio siglo una muchacha iraní pudiera bañarse tranquilamente en bikini y hoy tenga que hacerlo celosamente tapada salvo los ojos dice lo que tiene que decir. Y además el ayatolah jefe amasa una fabulosa fortuna personal desde París de la Francia.
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