Causa y efecto

Publicado: 07 jul 2026 - 09:01
Opinión.
Opinión. | Atlántico

Muchos de mis amigos homosexuales, que los tengo y son de los buenos, me comentan su incomodidad creciente con las celebraciones que acompañan en la calle los actos de la Semana del Orgullo Gay, cuya parafernalia salida de madre consideran tan disparatad como absurda muy en sintonía con lo que me parece a mí. Hemos hablado muchas veces de esta situación en la que se utiliza la sexualidad de cada uno como un arma arrojadiza, y los particulares deseos en material de relaciones, como un tobogán que sirve para salir a la calle y perder la cabeza en aras de un desafío social que cada vez tiene menos sentido. La triste realidad es que la condición sexual es hoy pasaporte para salir a las calles en modo de reto permanente, para defender una posición perfectamente respetable para su uso en el universo privado, que nada tiene que ver con competencia profesional, situación económica, escalafón social o creencia política porque la homosexualidad como la heterosexualidad, no depende de nada de eso sino de los deseos legítimos y perfectamente compatibles, de cada uno. Lo que en su momento sirvió para situar la homosexualidad en el mapa, desprenderse de esos abominables calificativos que estuvieron en boca de casi todos –“te voy a contar un chiste de maricones graciosísimo”- y convertir la tendencia sexual en algo normal y cotidiano, ha derivado hoy en una mascarada multitudinaria con un humor muy relativo, que invade calles y plazas en un “aquí estoy yo” que suena a pendencia, en los brazos de unas siglas que han sido tan manipuladas, adornadas y artificialmente crecidas que la mayor parte de los ciudadanos no sabe recitarlas correctamente de corrido ni siquiera quienes forman parte del colectivo. Con la causa de la homosexualidad ha ocurrido lo que con la selección de Brasil, que se ha ido manteniendo cada vez con mayor artificio hasta que se ha caído del guindo. Estoy por tanto convencido de que la homosexualidad es algo más serio, sensato, responsable y sincero que esta carnavalada dislocada que, eso sí, da mucho dinero lo cual es motivo suficiente para reafirmarla, mantenerla y darle espacio con tal de que meta en cada ciudad muchos duros. Al fin y al cabo es dinero que es poderoso caballero.

Contenido patrocinado

stats