Manuel Orío
Cataclismo docente
El famoso documento PISA, siglas en ingles que definen el Informe del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes, ha resultado este año simplemente catastrófico para nuestro país, y aunque para la mayor parte de nosotros tiene la apariencia de un casi insondable misterio, la verdad es que los datos que contiene y que ponen de manifiesto un alarmante descenso del rendimiento escolar en España producen una natural acento desolador. Y más aún cuando a alguien le pica la curiosidad y procura ir un poco más allá del primer impacto. El informe PISA lo elabora anualmente OCDE (Organización para la Cooperación del Desarrollo Económico) un organismo internacional del que forman parte 38 estados entre los que se encuentra España, y cuya sede, desde su fundación en 1961, se halla en un majestuoso castillo de París.
El informe se obtiene computando el rendimiento académico de alumnos y alumnas entre los 15 y los 16 años, en los países miembros y en tres grandes materias: Ciencia, Matemáticas y Lectura. Se trata al parecer de un índice muy fiable y muy clarificador según todos los registros, y los que este año ha merecido España están entre los peores del colectivo. Si bien los representantes del Gobierno en conferencia de prensa no dieron una gran importancia a este monumental catálogo de suspensos para nuestro sistema educativo, cierto es sin embargo que un balance de este calibre necesitaría no solo una reflexión como parecen transmitir los portavoces, sino una auténtica revisión y una muy posible revolución que ponga patas arriba el universo docente nacional ante un fracaso tan mayúsculo.
Pero en este desastre, quizá lo que adquiere un mayor relieve y propone una alarma más intensa es esa debacle paulatina que no ha parado de producirse y que en esta edición ha tocado fondo. Nuestro sistema con un programa escolar diferente en cada comunidad no funciona. Y se desbarata sobre todo como dicen las notas, por el capítulo de la comprensión. Madrid es la mejor y Valencia la peor. Pero todas ellas están muy por debajo. De 38 países, España ocupa el puesto 29.
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