Carillon

Publicado: 26 ene 2011 - 01:00 Actualizado: 10 feb 2014 - 12:48

Debo confesar que tengo una especial predisposición para aceptar gozosamente cualquier evento positivo que proceda de nuestra Caja de Ahorros, que siempre estoy dispuesto a su recepción; algo así como la esponja en un barreño de agua. Y, afortunadamente, mi esponja no conoce la sequía.

Por el contrario y conforme a la más elemental lógica, me es muy difícil admitir signos negativos de la misma procedencia, para los que me parece estar revestido de un informático antivirus que impide la entrada.

Sentada esta dicotomía de actitudes también me siento obligado a dar alguna señal de aviso cuando detecto ún “gap”en el engranaje de su imagen. Sobre todo cuando su solución no ofrece problema alguno. Y me temo que estamos ante esta eventualidad.

Con el logotipo se busca una fácil y popular identificación de una persona, una empresa ´e incluso un producto y de un simple vistazo, sin necesidad de leer nada, reconocemos e interpretamos claramente el mensaje que se nos da. La imagen corporativa, de la que forma parte el logotipo, comprende un marco bastante más extenso y que debe ser cuidado en todos sus extremos ya que, en definitiva, es la expresión de como se nos identifica y su aceptación cualifica el significado que merecemos. Cuidemos, pues, los detalles pensando que si en una magnifica decoración se yerra en alguno de sus componentes el conjunto acusa el fallo.

Llegado a este punto quiero dar un aldabonazo en relación al carillón de nuestra Caja de Ahorros porque, pese a reconocer el deterioro de mi oído y mi asumida ineptitud musical, creo que no funciona o no funciona correctamente; extremo que me confirma un destacado personaje vigués que llevado de su amor a la ciudad y a la Caja lamenta que un desafinado sonido se aparte de la partitura original. Primero con Caixavigo, luego con Caixanova -espero y deseo que ahora con Novacaixagalicia- las mañanas de la ciudad se anunciaban con una alegre alborada muy acorde con el espíritu laborioso de que presume Vigo, seguían con otros acordes diurnos y la entrañable “Negra sombra” sin asombrarnos nos invitaba al recogimiento familiar. Y decenas de miles de ciudadanos sin proponérselo ponían su pensamiento en la Entidad popular por excelencia, impactadas por una aceptada manifestación de su imagen corporativa. A riesgo de pecar de cursi me atreverá a decir que hasta el alma de Martin Codax, columpiándose en las ondas do mar de Vigo esperan cada día los sones de estas musicales campanadas.

Las soluciones, si son necesarias, no deben ofrecer dificultades. Si los fallos obedecen a las obras que se están llevando a cabo, la paciencia es una virtud. Si, con perdón de mi dilecto comunicante, el carillón funciona y yo soy el equivocado, a celebrar mi error. Pero sea cual sea la situación queremos despertarnos con los sones que nos brindó Pascual. Veiga y recogernos mecidos por la melodía que cobija la rima de la inigualable Rosalía. Porque aunque el dinero sea insensible, el tema atañe a una Entidad financiera en la que su social vocación congénita singulariza sus dividendos. La ocasión la pintan calva..

Estoy convencido de que Vigo agradecerá reencontrarse con su conocido carillón y, por otra parte, al tener estas melodías tan innegable pedigrí gallego no sólo no pueden herir susceptibilidad alguna de las partes integrantes de la nueva Caja, sino que por el contrario ,y nunca mejor dicho, les aportarán un plus de armonía.

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