Fermín Bocos
Los relevos en el Gobierno
Experiencia, edad, tiempo de oficio, intuición, desconfianza, curiosidad… son materiales intangibles que determinan comportamientos y reacciones a una edad en la que, como es mi caso, casi todo está hecho. Esos intangibles me han llevado a leer con cierta prudencia y reflexión las declaraciones efectuadas por el ex ministro y ex secretario general del PSOE José Luis Ábalos desde la cárcel de Soto del Real donde está internado y a la espera de juicio. El que fuera parte de la tripulación del Peugeot 407, poderoso político y mano derecha del presidente del Gobierno, acaba de introducir una reflexiones carcelarias en el torrente informativo que tienen un incuestionable valor periodístico pero que exhalan ciertas peculiaridades que al zorro viejo que es hoy uno aún a su pesar, le suministran una necesaria dosis de cautela. Ábalos va a pasarse la Semana Santa entre barrotes al contrario de la mayoría de sus compatriotas, incluyendo su sucesor y presumible socio Santos Cerdán que la pasara fuera. Muy a su pesar, la tercera pata del banco –todo parece indicar que el banco tiene más patas aún por determinar- el lacayo, chico para todo y poderoso talador de leños y otras muchas ocupaciones, el llamado señor Koldo o Koldo García a secas, tampoco tendrá vacaciones al aire libre.
Ábalos asegura que ha encontrado más muestras de cariño y respeto en el interior de la prisión que en el Congreso de los Diputados y pregona en sus memorias carcelarias que está sorprendido por la amabilidad, el respeto y el afable trato de sus compañeros los internos, situación que resulta ejemplar y produce ternura a quien las lee pero que sospecho no son gratuitas ni espontáneas. Algo chirria en ese canto a la confraternidad penitenciaria de un sujeto que está en la cárcel por haber estafado con afán de lucro millones a los bolsillos del contribuyente, además de otros comportamientos incalificables como el que se desprende de su trato con las mujeres y de sus manejos con propiedades, mordidas, trampas, concesiones, francachelas a cuenta del erario público y disposiciones dedo. Particularmente no digo yo que se produjera una respuesta iracunda en la población reclusa, pero ese canto a la amistad y el respeto suena raro, raro, raro, que diría el finado doctor Iglesias Puga.
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