José Teo Andrés
Siempre contra Canadá
Jugaron este domingo Canadá y Sudáfrica. Yo iba con los africanos y no solo porque se trata de un país de buenos recuerdos -el Mundial, el gol de Iniesta- sino por mi antipatía hacia Canadá. Han pasado 31 años, mucho tiempo, pero no suficiente para olvidar el papel agresivo de los chicos de la hoja de arce en la famosa guerra del fletán. Canadá ya será para siempre un país hostil, el que en 1995 declaró la guerra a España -literalmente, con presencia de su Armada- para hacerse con el caladero que había descubierto por la flota viguesa, que llegó a modificar los motores de los congeladores para conseguir un arrastre en profundidad y pescar un pez extraño pero de gran valor, comercializado en filetes como lenguado allimón. Y eso fue lo que despertó el interés canadiense, hasta entonces nulo. La historia, aunque conocida, debería ser recordada para que varias generaciones sepan lo que cuesta mantener a Vigo como el primer puerto europeo en pesca, con una flota desplegada literalmente por todos los mares.
Estamos en 1995. Los tres últimos años, los congeladores de gran altura vigueses logran afianzarse en las peores aguas del mundo, donde las olas de seis y más metros son habituales, con frío y un océano imposible salvo para los más duros. Las capturas suman miles de toneladas, hasta 40.000 en un año. Entonces Canadá envió sus cañoneras y secuestró a un barco vigués, el “Estai”, que ahora navega por Namibia, y amenazó con llevarse al resto de pesqueros. El final fue un acuerdo por el que España salió claramente perdiendo. Ahora las cuotas se dirimen en el mar de la política de NAFO, una organización pesquera que también controla Canadá. En ese mismo caladero, donde la flota viguesa se mantiene pese a todo, se fue a pique, precisamente pescando fletán, el “Villa de Pitanxo” con casi toda su tripulación a bordo. Este domingo jugaba Canadá en el Mundial y Sudáfrica se dejó ganar en el minuto 90. Una pena.
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