José Teo Andrés
Vigo estrena barrio
Si algo ha demostrado María Jesús Montero durante su ya dilatada carrera política, es su inigualable habilidad para salir prácticamente indemne de los momentos más difíciles, incluso de aquellos que ella misma se busca porque entre sus defectos más marcados está también el de no saber mantener la lengua en su sitio. María Jesús Montero es médico de profesión aunque es muy probable que no haya auscultado a un paciente en su vida, virtud inconmensurable por la que es de ley felicitarla y felicitarse de manera efusiva porque asistiendo a las costumbres que se gasta, caer enfermo en sus manos no debería ser lo que se dice un plato de gusto. Un facultativo con ese criterio que cambia de sino de día en día debe ser más peligroso que una piraña en una piscina.
Sus actividades más recientes han consistido en poner la mano en el fuego por unos cuantos personajes de su entorno entre ellos y de manera muy especial, Santos Cerdán, al que en su momento tenía por colaborador inmejorable al que defendió con uñas y dientes, y al que ella misma determinó como uno de sus más queridos amigos. Unas semanas más tarde, de esta cariñosa y entusiasta referencia por el admirable papel desarrollado por su adorado camarada el secretario de Organización en todas cuantas complejas misiones ha desempeñado no queda nada, y ahora es para ella un señor con el que apenas ha tenido trato y que nada tiene que ver ya con su partido.
El peculiar sentido de la reinterpretación del relato que caracteriza a la vicepresidenta del Gobierno, cuya virtud más sobresaliente a falta de conocimientos de la materia que en el Gobierno administra es su fidelidad inquebrantable al presidente que la salvó del lío morrocotudo de Andalucía –donde por cierto ha vuelto a enviarla para que se chamusque como el palo de un churrero en un terreno hoy hostil por los desmanes cometidos- se ha visto seriamente dañado por esta imagen demoledora y con hueco más que probable en la historia futura, que muestra el vehículo en el que el ex secretario de Organización del PSOE llega al centro penitenciario de Soto del Real. Es ahora un apestado con el que Montero ha tenido un trato superficial y cuyos procederes competen a la Justicia y del que ya no es incondicional amiga. Que los jueces procedan y que a ella no la pillen.
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