Carmen Tomás
La factoría de la Moncloa, a tope
Lo de poner la mano en el fuego es una posición de la que en estos últimos tiempos conviene retraerse prudentemente porque no acaba de resolverse con bien. Es el caso de la vicepresidenta Montero cuando afirmó ponerla tajantemente por Santos Cerdán y el personaje está a un tanto así de una condena que puede hacer historia. Luego pasa lo que pasa y hay que buscar refugio con el que rebatir esa mano y ese fuego que pueden llevar a la ruina. Por ejemplo, Montero hubo de corregirse a sí misma matizando que tan amigo de Cerdán no era, y Sánchez reconoció que a Ábalos le conocía personalmente muy poco fuera del entorno exclusivamente político.
El último en poner la mano en el fuego ha sido Ramón Arcusa, la mitad viva del Dúo Dinámico, compositor, productor y músico de Julio Iglesias durante muchos años del que he leído ayer un artículo firmado en el que afirma que es imposible que su amigo Julio haga esas cosas de las que le acusan esas mujeres y cuyos pormenores están acaparando los espacios dedicados a la crónica social en los medios de comunicación de todo el mundo. La crónica de estos episodios, abundantemente salpicados de pasajes lo suficientemente explícitos para que no se editaran en espacios de programación protegida como ocurre con otras temáticas que se omiten por ley en horario infantil, se han adueñado de la información algo de lo que Arcusa responsabiliza al Gobierno. El veterano compositor e intérprete cree que es el Gobierno el que ha abierto la veda para acometer contra Julio Iglesias, sospechando que es un tema lo suficientemente fuerte para hacer olvidar aquellos otros que lo acosan por todas partes desde su fiscal a su mujer, desde su hermano a sus colaboradores corruptos, y desde su desprestigio internacional a la difícil continuidad de su Gobierno preso en las fauces del independentismo catalán.
Personalmente admiró la fidelidad a una relación de amistad fraterna, una de las causas más nobles de la condición humana, pero los antecedentes no presagian cosas buenas. Como tantas otras situaciones que se han ido desarrollando en estos tiempos, lo más prudente es aguardar a que los tribunales se pronuncien porque, al fin y al cabo, ellos van a tener la última palabra. Con Koldo, con Cerdán, con Ábalos, con Begoña y con el hermanísimo. Con el fiscal Ortiz ya la han tenido. Y con Julio, la tendrán también. Paciencia.
Contenido patrocinado
También te puede interesar