Julia Navarro
De justicia
Ya les digo que estoy en trance de reconocer las excelencias del bipartidismo ahora que la tendencia imperante, y más tras el incontestable panorama dibujado en Andalucía, consiste en hacer la ola a esta fórmula de Gobierno. Reconozcamos que bipartidistas hemos sido desde las constitución doceañista y más aún a partir de los primeros días del reinado de la niña Isabel, a la que las circunstancias de su heredad y la crítica situación sembrada por la regencia de Espartero obligaron a hacer reina con tan solo trece años gracias a la audacia de uno de los primeros progresistas del santoral centro izquierda, el alicantino Joaquín María López que según los que lo conocieron apenas levantaba cuatro cuartas del suelo y que fue quien la colocó en el trono por decreto saltándose el precepto de los dieciocho años para empuñar cetro. Desde entonces, el país se ha movido entre moderados y liberales aunque las denominaciones han ido variando al paso de los siglos, y reconozcamos que nos ha ido mal en semejante escenario hasta el punto de que, cuando nos ha ido peor es cuando hemos variado de preceptos. El país ha estado secularmente dividido por la mitad, a un lado los seguidores del centro izquierda y al otro lado los seguidores del centro derecha, y sus más dignos representantes se han ido turnando en las tareas de Gobierno ya se llamaran Narváez y O’Donnell, ya Serrano y Prim, ya Sagasta y Cánovas, ya Montero Ríos y Silvela, ya Dato y Canalejas, ya Maura y Romanones, ya Alcalá Zamora y Azaña, ya Suárez y González, ya Aznar y Zapatero e incluso ya Rajoy y Pedro Sánchez cuando Sánchez no se había rebelado contra sí mismo y todavía estaba en su sano juicio. La España de las dos caras, de los dos credos, de los dos polos, de las dos creencias… no ha sido tan mala como muchos nos han hecho creer y solo ha terminado a tiros una vez porque aquel gobierno débil e irresponsable de la Segunda República ni cumplió con su deber ni se entregó con rectitud y serenidad al desempeño de su sagrado cometido. De haberlo hecho, ese tenebroso periodo de nuestra historia no hubiera existido.
España necesita símbolos, ídolos y alumbramientos. Este país ha sido de Paquiro o Costillares, de José o Juan, de Manolete o Arruza… De Kubala o de DiStéfano, de Messi o de Cristiano… Puro bipartidismo. Volvemos a él. Yo creo que no nos va a ir tan mal, miren lo que les digo.
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