Rafael Torres
La eutanasia de Noelia
La mayor parte de las encuestas que se manejan estos días de inicio de año menos las que para su propio consumo maneja Tezanos, coinciden en sospechar que Sánchez ni podrá seguir manteniendo su presidencia hasta el final de la legislatura ni tampoco se merece que así sea en razón de su deleznable comportamiento. Muchos de los que votamos en su día a la izquierda, libres de sectarismos y suponiendo lealmente que era una fórmula adecuada para contribuir a un mejor reparto de la riqueza, la construcción de una sociedad más justa y equilibrada, y un escenario mejor para el fomento de la cultura y el progreso, contemplamos hoy este panorama configurado por el sanchismo y terminamos preguntándonos qué ha sido de aquellos aguerridos y perseverantes luchadores de los viejos tiempos, con el mismo acento de melancolía con el que el poeta Ronsard se preguntaba qué fue de las damas de antaño. Toda aquella generación que hoy cultiva sus arrugas y peina abundantes canas -suponiendo que siga habiendo pelo que peinar- hizo los deberes democráticos en la calle, en los periódicos, en las fábricas y en las aulas, oponiéndose a la dictadura para sentarse ante el televisor medio siglo largo más tarde, sorprenderse y encabritarse observando cómo un Gobierno la mayor parte de cuyos miembros estaban en la guardería por aquella época, se empeña hoy en conmemorar la muerte de Franco en vez de olvidarse de él como se ha olvidado la mayor parte del censo español actual. Y en lugar de malgastar esos recursos, destinarlos a cosas más serias y de más provecho: por ejemplo, combatir el paro juvenil y corregir el fracaso escolar. Esos soñadores que se dejaron las rodillas corriendo delante de las porras se preguntan candorosos quién ha cambiado, si ellos refugiados en posturas más conservadoras y pensamientos menos libres o el partido que asumió ese reto y hoy pacta con la derecha inaceptable, cerril, racista y ultra católica que nutre las filas de los nacionalismos catalán y vasco. Yo sí tengo mi respuesta y a mi conciencia le vale como le vale también a muchos escalones altos del partido que se niegan a la obediencia ciega y han alzado la voz, –en el caso de Aragón para que el sector duro cercene su pescuezo sin contemplaciones- y como les vale a seis de cada diez votantes según encuestas fiables. Que desgraciada es la sordera, ya lo dijo Beethoven.
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