Rafael Torres
La eutanasia de Noelia
Por algún motivo los economistas gozan de un enorme prestigio, especialmente si aciertan alguna vez con sus pronósticos y aunque a partir de entonces no den una. Mucho más que sociólogos y expertos en sondeos, que tienen la obligación de atinar siempre: un solo fallo es letal para sus carreras, salvo en el caso de Tezanos aunque no por desconocimiento, sino porque está a otra cosa: hacer propaganda para su señorito con el dinero de todos.
Entre los economistas españoles destaca por encima de todos Santiago Niño Becerra, llamativo en su aspecto y rotundo en sus afirmaciones, casi siempre sobre un horizonte negativo imposible de evitar. Niño Becerra se hizo famoso en 2005, cuando en plena ola ascendente de la economía y todo parecía posible, pronosticó un batacazo sideral a partir de 2008, que en efecto se produjo. Aquello le valió el lógico reconocimiento. Desde entonces no ha vuelto a dar una: anunció la salida de Grecia de la UE, aunque luego matizó que no sucedió porque a los poderes comunitarios no le interesaba; después que el euro estaba tocado de muerte y un largo etcétera de errores que le colocan a mi altura en cuanto a atinar con los resultados de las elecciones. Pero su reputación está a salvo. Esta semana anunció otro apocalipsis: que la llegada de Trump supondrá colocar la inflación por las nubes y la destrucción de la industria del automóvil europea, con cierres en cadena de fábricas debido al proteccionismo americano que iba a provocar como efecto colateral que China intensifique sus ventas en Europa con coches baratos ante la imposibilidad de vender en casa del Tío Sam. Quizá no sabe que Stellantis acaba de renovar su compromiso con Vigo por otros diez años y ha sido la mejor noticia de la década en esta ciudad.
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