Aragón, capital Madrid

Publicado: 10 feb 2026 - 00:30
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Opinión. | Atlántico

Una querida colega dice que el recuento electoral en Aragón está cargado de adversativas. A saber: gana el PP, pero fracasa en su operativa de gobernar sin ataduras (ahora, peor). Se hunde el PSOE, pero consigue evitar la mayoría absoluta del PP y se consuela pensando que podía haber sido peor. Se dispara la facturación electoral de Vox, pero no tiene mérito porque lo ha conseguido sin pasar de las musas al teatro.

Finalmente, la Chunta Aragonesista (regionalismo de izquierdas) desborda las previsiones y reaparece como triunfadora moral de la noche del domingo, pero sus seis escaños, de votantes desalentados del PSOE y grupos dispersos a su izquierda, no determinarán un tablero marcado por la hegemonía de las derechas (54% frente al 35%).

A partir de aquí, la clave autonómica deja ver la sombra de la inestabilidad. El desgobierno volverá a planear sobre la región, como está ocurriendo en Extremadura, y como puede ocurrir en Castilla y León (marzo) y Andalucía (junio), si Vox encuentra más rentable esperar a las elecciones generales sin que estas les pillen gobernando en los territorios. Sus abusivas exigencias parecen orientadas a impedir hoy por hoy la normalización de alianzas autonómicas con el PP.

En las elecciones aragonesas la clave nacional alumbra todos los análisis. Así lo han querido los actores principales. El PP, como el segundo de los cuatro aldabonazos diseñados por Feijó para acabar con el sanchismo. El PSOE impuso desde Moncloa la candidatura de una ministra del Gobierno central. No una ministra cualquiera, sino su cara visible. Y eso quiere decir que si la apuesta fue nacional (votar alegría era votar Sánchez), nacional es su derrota en las urnas aragonesas.

Por resumir, en el plano autonómico las urnas aragonesas se han decantado por la continuidad de Azcón (PP) al frente del gobierno. Todo lo demás gira en torno a la pregunta del millón: ¿Con Vox o sin Vox?

La lógica política y el sentido común deberían hacer inevitable una coalición PP-Vox para gobernar la Comunidad y ocuparse de los problemas reales de los aragoneses. De los extremeños, en su caso. Incluso de los españoles en general si las tendencias demoscópicas siguen anunciando, también a escala nacional, una sobrada hegemonía de las derechas sobre las izquierdas. Pero ahí nos topamos con las reticencias de Vox, que no parece muy receptivo al emplazamiento formulado este mismo lunes por Núñez Feijóo. "Debemos entendernos", dice el líder nacional del PP, que ya en el último tramo de la campaña venía abogando por la incorporación de Vox a las tareas institucionales.

De momento, Santiago Abascal sigue abonado a la absurda falacia de que PSOE y PP son lo mismo. No lo veo interesado en amontonarse con el PP en los territorios porque le renta más seguir predicando desde la barrera.

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