Fermín Bocos
Resucitar el Frankenstein
Hace años, muchos fenómenos extraños se atribuían a la disminución de la capa de ozono que puede tener efectos nocivos sobre las personas de este mundo. Quizá se deba a eso, o a cualquier otro fenómeno extraordinario de origen incierto que haya surgido una corriente de jóvenes que se dedican a comportarse como animales con los que llegan no solo a identificarse, sino que consideran que su yo está ligado a un animal y se comportan como ellos, caminan a cuatro patas, rugen o ladran o parpan como los patos. Se llaman los therian. A pesar de que se sientan jaguares, leones, rinocerontes o perrillos falderos sus actitudes suelen ser pacíficas y juguetonas y amparadas por las leyes de protección de animales, además de las que les correspondan constitucionalmente porque no dejan de ser personas a las que les asisten todos sus derechos. Con los therian se da la circunstancia de que lo son solo en determinados ecosistemas porque no se ha documentado que acudan al trabajo caminado a cuatro patas y comunicándose con gruñidos. Hasta el momento ningún therian halcón peregrino se ha lanzado desde un rascacielos a comerse un therian ratón.
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