La amnistía puede ser legal, ¿pero es también moral?

Publicado: 06 jun 2024 - 03:05

Decía el profesor José Vidal Beneyto, filósofo, sociólogo y politólogo español que fuera fundador y columnista habitual de El País, que España iba camino de convertirse en uno de los países más amorales de Europa. Pareciera que el creador de la teoría del “Desarrollo Moral”, el estadounidense Lawrence Kohlberg, profesor de la Universidad de Harvard y uno de los grandes referentes de la psicología moderna en el siglo XX, pensara en determinados actos del presidente del Gobierno de España a la hora de reflexionar sobre el bien y el mal. Hay personas que se rigen por sus propios principios de suerte que, para el logro de determinados objetivos, en su conciencia prescinden de someterse a la norma moral común y se trata de burlarla tratando de disimular, o sea, “hacer de la necesidad virtud “. La amnistía puede ser legal, pero no moral.

Pero esa necesidad se corresponde con la personal, nominal y concreta de una persona. A lo largo de la historia, desde Platón, Aristóteles y Kant, se ha plateado esta cuestión. Es fundamental en la filosofía de Aristóteles, quien sostiene en la Ética a Nicómaco, que el objeto de la política debería ser la consideración de lo bueno y lo justo. Deja, pues, a uno perplejo el argumentario que sostiene las explicaciones de quienes antes de ayer nos enseñaban que la amnistía no cabía ni podía caber en la Constitución, y ahora la aplauden alborozados, como gran logro de su carrera, digo de su necesidad satisfecha. Por ahora, por cierto. Dice Victoria Camps, que hay ocasiones (y parece que estamos ante uno de esos casos), “Como si la ética fuera superflua y el límite sólo fuera el de la ley. Voy a entender por ética la defensa de un ideal de humanidad por debajo del cual la vida es indigna y carece de calidad”.

Y a mayor abundamiento, aparte de la precipitación, nulo estudio y reflexión, con la mitad, al menos del país en contra y sin el necesario consenso, se ha sacado a toda prisa la amnistía a la carta, impuesta como contrapago por sus propios beneficiarios (de ahí que haya jueces que la consideran redactada por aquéllos mismos). Se ha obviado que el concepto de legitimidad hace alusión a lo moral, a las normas, valores y fines morales que deben regir una comunidad o sociedad. El caso de esta amnistía abre la espita del barril, y todo es posible ahora.

Para Kant, la relación entre lo legal y lo moral radica en la idea de que la legalidad no siempre coincide con la moralidad. Es decir, una acción puede ser legal pero no necesariamente moral. Esto se debe a que la legalidad se rige por normas establecidas por la sociedad, mientras que la moralidad se basa en principios universales que trascienden las normas legales. Kant sostiene que la legalidad es esencial para una sociedad justa, ya que establece límites claros para nuestras acciones y garantiza que todos los individuos sean tratados de manera equitativa. Aquí y ahora, los mismos delitos, como malversación, agresiones, estragos, robos, que castiga con carácter general el Código Penal, quedan impunes si se hicieron a favor de la independencia de Cataluña. ¿O es que no? Y además, en pago a otros favores.

La amnistía no responde a una necesidad del conjunto de la sociedad española, y Pedro Sánchez y los suyos insistían en que era una de las casas de negarla, sino ahora a la necesidad de que los actos un grupo de individuos que incumplieron la ley general y la Constitución queden impunes, como pago a que hagan presidente a quien se la puede otorgar, como paso previo para otros objetivos, ahora remarcados, y que presumen de haber impuesto los indultos y la reforma del mismísimo Código Penal como paso previo a su favor. Y siguen expresando su capacidad de chantaje y advertencia si no se sigue plegando el Estado a sus objetivos.

Dice Aristóteles que “la Justicia constituye una práctica que en sus acciones hace efectivo lo que es justo; así, en la medida en que las acciones estén pensadas a partir de un fin que estas cumplan”. ¿Cuál es el fin de la amnistía? ¿Cómo se puede aludir a la normalidad política en un territorio del país, si los mismos beneficiarios confirman que no se arrepienten y que siguen dispuestos a repetir sus actos, ahora impunes, pese a su variedad? Platón se ocupó a fondo de las relaciones de la ética con la política, que consideró entrelazados de modo indisolubles, y que en ese sentido reflexionar sobre los efectos de nuestras decisiones, que parecen tan difíciles de aplicar en nuestros días. En la filosofía de Platón, la ética y la política están estrechamente entrelazadas. El gobernante ideal debe ser un ser ético y moralmente virtuoso, o sea, que no le encaje aquello de hacer de la necesidad virtud, en cada caso, según convenga. Eso ni siquiera es ser inmoral, es simplemente, amoral.

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