José Teo Andrés
Amigos de Senegal
Tengo un amigo senegalés que lleva más de quince años recorriendo las calles de Vigo vendiendo casi de todo, a menudo de sol a sol, con lluvia o calor. Es un tipo optimista, tranquilo, alto y musculoso, buena gente que ha conseguido hacer clientes fijos a base de su simpatía. Su familia está en Senegal, y cuando puede se va de visita, porque no es fácil llegar desde Vigo hasta Dakar: cuesta tiempo y dinero. Aunque lleva más de una década en Vigo, no se ha planteado hacerse español, pese a que acumula años suficientes para iniciar el trámite. Comenta que es un proceso complicado, que tiene que hacer un examen y que de momento no se ve. En cambio, destaca el número cada vez mayor de sus compatriotas, en su mayoría hombres que llegan a Europa para tratar de ganar un dinero y enviarlo a sus familias en África. Nada que no hicieran los emigrantes gallegos en el siglo XX, sobre todo los que buscaron un empleo en Alemania, Francia o Suiza, cientos de miles. Ahora el camino es otro. De Senegal llegaron primero, hace décadas, vendedores ambulantes, luego trabajadores para construir y reparar carreteras y edificios y ahora sobre todo marineros, formados en su país, donde hay abundante pesca. Gracias a los senegaleses en Vigo, la flota del cerco no va a ser desguazada y la lonja del Berbés seguirá contando con pescado fresco. En el último censo, había en Vigo 850 senegaleses, de lejos la primera colonia africana. En la regularización en marcha -unas 10.000 peticiones en la provincia, de ellas unas 4.000 de Vigo- es probable que varios centenares más pasen a convertirse en ciudadanos de primera. Ya estaban aquí y trabajando. Aquí van a seguir, con mejores condiciones laborales y personales. Hacen mucha falta.
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