Fermín Bocos
Marruecos acelera, Melilla se asfixia
Galicia sigue perdiendo niños, aunque de forma más lenta que hasta ahora, quizá la primera señal de que se acerca un cambio de ciclo que evitaría el desierto demográfico. Pero en Vigo (y también Pontevedra, que en esto vamos a la par) la natalidad continúa cayendo de forma asombrosa: en el primer semestre de 2023 se ha anotado casi un 20 por ciento menos que en 2019 y un 4 por ciento de retroceso sobre el mismo período de 2022, que ya fueron años muy malos, con las peores marcas en cuanto a nacimientos en la sanidad pública, que supone el 90 por ciento de todos los partos. La tendencia se mantiene rígidamente firme. ¿Qué pasa en Vigo? Los motivos sociales y económicos empujan con fuerza hacia una maternidad tardía y mínima, de un hijo. Entre otros motivos porque hay más mujeres madres a los 40 que entre 25 y 30, que era en el siglo XX (a finales) el tramo más habitual. Y esto no va a cambiar ni hoy ni mañana, como se puede constatar en la pirámide demográfica que se estrecha en la base hasta hacer tambalear el edificio. La solución única: una oferta de empleo y calidad de vida que haga atractiva la ciudad para la llegada de inmigración extranjera. Y mejor que esté organizada. Curiosamente, ningún partido parece preocuparse por planificar el futuro para que esta ciudad, Galicia y España puedan tener reemplazo.
Dentro de algunos años, unos 20 o 30, según las previsiones demográficas África tendrá unos 2.000 millones de habitantes, el doble que en la actualidad, con Marruecos con la misma población que España, unos 45 millones, y otros, como Nigeria, con 500 millones. Una locura. Y la mayoría, jóvenes que lógicamente no se van a resignar con su suerte e intentarán buscarse un destino mejor. El más próximo, Europa. Aunque no lo parezca, Vigo está más cerca de África (1.050 kilómetros) que de Barcelona (1.100).
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