Una Administración limpia y que funcione

Publicado: 19 feb 2026 - 03:15
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Yo creía que había perdido mi capacidad de sorpresa. Mentira. Cada día, la lectura de los periódicos, impresos o digitales nos sobresalta. A los escándalos ya conocidos, se añade uno diario, por lo menos. No hay esfera de la política o de la Administración que se libre. Otro hombre del entorno de máxima confianza y amistad del presidente Sánchez cazado con sociedades ficticias para no tributar en España. El número uno de la Policía Nacional, que se tenía que haber jubilado y fue confirmado en su cargo hasta 2030, acusado de violación de una policía.

Corrupción, prostitución, abusos de poder y sexuales, traspasos de competencias para que etarras asesinos y sanguinarios sean puestos en libertad a cambio de votos... Un escándalo tras otro. Y nadie se entera de nada. Sánchez no tenía ni idea de lo que hacían Ábalos, Cerdán, Koldo, su mujer, su hermano ni Borja Cabezón, al que llevó de su mano durante años. Puente no sabía nada del riesgo de los trenes, aunque Europa se lo había reiterado. Marlaska ignoraba denuncias contra el jefe policial aunque en su Ministerio lo sabían casi todos. ¿Dónde trabaja esta gente? El problema de la corrupción y de los abusos -como éstos no son de la Iglesia, ya verán como tratan de taparlos- esconde otro incluso mucho más grave: una Administración ineficiente y en la que los buenos funcionarios, los que trabajan, que son muchos, quedan oscurecidos por los que no van al trabajo, por cientos de asesores, por los que acceden a la función pública por la puerta de atrás y, sobre todo, por tanto incompetente nombrado a dedo por políticos también sin experiencia ni conocimientos, mientras los técnicos y los expertos son relegados.

La realidad es que mientras conocemos estas cosas y hasta ministros como Carlos Cuerpo reconocen que un tercio del PIB está lastrado por la maraña regulatoria y el exceso de burocracia -cada año nos prometen que se va a acabar- el colapso en las ventanillas impide el acceso a prestaciones básicas o a tramitar bajas; las citas online son casi imposibles de conseguir; el sistema de acogida de inmigrantes está colapsado y lo va a estar mucho más de forma inmediata; la justicia está al borde del colapso total por culpa de las leyes impulsadas por Bolaños que han creado un caos para jueces, abogados y ciudadanos desde los juzgados más pequeños hasta la Audiencia Nacional; la sanidad anda en huelgas contra las decisiones de una ministra que tiene más interés en acabar con Ayuso que en solucionar los problemas; la Guardia Civil y la Policía Nacional carecen de los medios necesarios; los trenes son un desastre y las carreteras o las presas están dejadas de la mano de quien tenía que mantener las infraestructuras y conservarlas.

Los indicadores globales de Competitividad y Eficiencia muestran una caída constante de nuestro país, que el mal uso de los Fondos Europeos ha sido incapaz de mejorar. Es el retrato de un país, lastrado por la burocracia y la mala gestión, que no funciona. Y la culpa no es de los funcionarios.

¿Cuántas funciones y cuántos funcionarios están repetidos innecesariamente entre las Administraciones central, autonómica y local? ¿Cómo es posible que haya ochocientos mil funcionarios temporales que lo siguen siendo pese a las promesas del Gobierno y las exigencias de Europa? Cuando se hace una transferencia a una autonomía o a un ayuntamiento, ¿se elimina algún puesto de trabajo ya innecesario? ¿Cuál es el grado de absentismo en las Administraciones públicas? ¿Cuántas oposiciones han tenido que ser repetidas por fraudes, manipulación y trampas al convocarlas? ¿Por qué cada vez más jóvenes aspiran a opositar a un empleo público para ganar estabilidad y calidad de vida? ¿Cuándo, de verdad, se va a reducir la burocracia en lugar de aumentarla? ¿Cuántos funcionarios públicos necesitamos de verdad? ¿Cuánto nos cuesta la ineficiencia de las Administraciones Públicas? ¿No hay un organismo independiente que sea capaz de analizar la realidad, las necesidades y los pasos que hay que dar para alcanzar una Administración pública eficiente? ¿Vamos a seguir engordando el funcionariado y primando la ineficiencia?

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