Acuerdos y desacuerdos

Publicado: 13 feb 2025 - 03:45

Visto para sentencia el caso del beso del ya ex presidente de la Real Federación Española de Fútbol a una de sus jugadoras campeona del Mundo de la especialidad, un espectador liberal y libre de prejuicios no estoy yo muy seguro de que otorgue crédito a lo que está viendo porque todos los actores de esta representación llevada a cabo en muchos y variopintos escenarios han puesto su granito de arena para que por momentos tome apariencia de adefesio. La contribución tendente a convertir un acto en sede judicial en un sainete se la han repartido todos, desde los testigos a los acusados e incluso se atisba en algunos comportamientos de los representantes de las partes. Y hasta el magistrado se ha estirado en sus intervenciones de un modo poco común, hasta transmitir al sufrido contribuyente la ligera sospecha de que el procedimiento es una especie de patio de Monipodio en el que cabe todo y ese todo no ayuda precisamente a otorgar carácter de seriedad y rigor a la escena. Conviene recordar que Monipodio no es otra cosa que el sujeto que gobierna toda una tropa de truhanes, perdularios, golfos, alcahuetas, timadores y proxenetas desde su casa de Sevilla, y que el personaje aparece reflejado en “Rinconete y Cortadillo”, una de las novelas ejemplares de Cervantes. Tan bien perfilado está el carácter y tan ingenioso es su desarrollo que ha quedado como expresión de desorden y poca ejemplaridad en el desarrollo de actuaciones.

Personalmente interpreto que el beso que Rubiales dio a Jenny Hermoso en los labios tras el partido en el que la selección obtuvo el Campeonato del Mundo es lo menos importante de este conjunto de despropósitos que se citaron para destrozar una hazaña deportiva y convertirla en una delirante catarata de situaciones impropias y lamentables capaces de ensombrecer la gesta. Rubiales no solo ha sido un presidente clamorosamente inapropiado sino que su comportamiento inspira muchas más sensaciones negativas que ese beso estúpido que él se empeña en definir como plenamente consentido y cuyo consentimiento niega tajantemente la jugadora. De por medio, todos los secundarios en la función desde el hermano de Hermoso que se lía en su declaración, hasta el propio seleccionador que niega todo desde la base. Es un escenario muy opaco, muy pueril, muy poco ejemplar. La RFEF lleva mucho tiempo siendo un túnel sin luz.

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