José Teo Andrés
Hace ya 35 años…
Hace ahora 35 años dijo adiós Manuel Soto a la alcaldía que mantuvo durante tres períodos, doce años, desde 1979 a 1991. Ha pasado tanto tiempo que a la mayoría de los vigueses ni les sonará, pero ahí queda su obra, visible en dos imágenes: los caballos de Oliveira en la plaza de España y el Sireno en Porta do Sol, así como los túneles de Gran Vía y plaza de América, obras todas ellas construidas en su última etapa al frente del Concello. Soto tuvo que irse porque le echó un pulso suicida a Esquerda Galega, un partido ya desaparecido, y lo perdió. Pidió su cabeza y el PSOE la entregó, quedando en su lugar Carlos Príncipe, quien era su segundo, pero que ya desde el poder municipal hizo lo contrario que su antecesor. Fue un buen alcalde, pero tuvo mala suerte, con la empacadora de telón de fondo final y aquella guerra civil absurda.
Soto también fue un buen alcalde, pero solo en su primer mandato. Llegó gracias a una multicoalición de izquierdas y desde la Alcaldía tenía dos opciones: unir o dividir. Al contrario que ZP, se apuntó a lo primero y sus cuatro primeros años estuvieron presididos por tratar de no separar a los vigueses. En ese período se decidió mantener la Cruz del Castro, despojándolas de todos los signos franquistas, como un símbolo de reconciliación. Todos los grupos estuvieron de acuerdo, incluido el BNG y el Partido Cominsta. También la Alianza Popular de aquellos tiempos, todavía muy ligada al franquismo. Su segundo mandato ya fue otra cosa. Cambió incluso la forma de vestir y comportarse y descubrió las ventajas de las concesionarias municipales. En el tercero, todo fue lógicamente a peor, incluida la compra de concejales de la oposición para hacerse con una mayoría absoluta que las urnas le habían negado. La cuarta oportunidad, en 1991, salió cruz con el veto de Esquerda Galega, que era un partido serio y que hizo mucho por Galicia, que se extinguió cuando cumplió sus objetivos.
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