Los okupas de O Real se van pero dejan la casa destrozada
Una vecina actuó como mediadora y logró que la pareja firmase para abandonar la vivienda a cambio de 50 euros y comida. La propietaria no daba crédito cuando abrió la puerta
“Estoy feliz”, manifestaba María Nieves, la propietaria de la vivienda okupada en la calle Méndez Núñez del barrio de O Real de Moaña. Tras casi dos meses sin poder entrar a la casa familiar, la noche de este jueves por fin pudo lograr su sueño y cruzar el umbral de la puerta de acceso, aunque con el corazón encogido por el estado en que ya preveía encontrarse el que fue su hogar durante décadas. “Ahí tienes para recoger mierda un año”, le dijo la okupa antes de marcharse.
Acompañada de sus hijas, de vecinos y de Atlántico, María Nieves tuvo el valor de adentrarse en la casa del horror, apenas con un pañuelo en la nariz y una triste bombilla, y recorrer las tres plantas para comprobar la triste transformación que había sufrido su casa. Durante su recorrido no dejó de escandalizarse por lo que veían sus ojos, un escenario que le costaba digerir y que empañaba la alegría de volver a pisar su propiedad.
El olor era nauseabundo e irrespirable, con excrementos por el suelo, basura por doquier, ropa tirada por cualquier rincón y mucha suciedad. También había restos de droga consumida en su interior. Los muebles estaban completamente rotos, las puertas colgando y faltaba la maquinaria pesada que la propiedad guardaba en el taller de carpintería de la planta baja.
Sin embargo, este escenario no nubló la cierta tranquilidad de haber recuperado su casa, gracias a la ardua negociación de la mediadora, también vecina del barrio, Mónica Chaves, con la pareja de okupas, hasta que aceptaron la oferta económica de 50 euros y comida para abandonar la vivienda. No sin antes firmar ante la Guardia Civil un documento en el que se comprometían a marcharse y no regresar.
En torno a las 22:00 horas, y tras una larga espera en la calle en la que temieron que un incendio calcinara el inmueble, la propietaria logró entrar en su casa e instalar una alarma para prevenir nuevos intentos de okupación.
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