Recuperar la memoria de las mujeres ‘trapicheiras da raia’
Baixo Miño
La cineasta tudense Diana Gonçalves expone en el Museo do Povo Galego el resultado de años de investigación sobre un colectivo que sobrevivía con la ayuda del contrabando
La exposición "Transfronteiriza" (Museo do Povo Galego- 27 de marzo 2027) no es solamente un proyecto sobre el contrabando en la frontera gallego-portuguesa. Es también una historia sobre la memoria, las relaciones que se construyen entre las personas, la resistencia y la transmisión de experiencias entre generaciones. Porque, como señala su autora, Diana Gonçalves, “en la frontera y en la historia de estas mujeres está la historia de la humanidad”.
Entre esas vidas que la cineasta tudense ha rescatado del olvido está la de María das Dores, una mujer de Melgaço que, después de cuidar de sus hijos, atender la casa, trabajar en el campo y cruzar la frontera con sus mercancías, todavía encontraba motivos para desear algo más: aprender a leer y escribir. Su marido había emigrado a Francia y ella quería poder comunicarse con él directamente, sin depender de otras personas que le leyeran o escribieran las cartas.
Su historia es una de las que la cineasta utiliza en encuentros con escolares para hablar de la importancia de la educación y de derechos que hoy parecen naturales. “Esta historia no es de pasado. Esta historia es memoria presente”, advierte. Poder cruzar libremente una frontera o escribir una carta son conquistas que, a su juicio, conviene no dar por descontadas.
El contacto con aquellas mujeres también transformó la mirada de Diana sobre su propia vida. “Me di cuenta de que es que somos las mismas”, explica. Cambian las circunstancias y las mercancías que se transportan, pero permanece el esfuerzo cotidiano por abrirse camino. “Es el mismo ejercicio de lucha diaria”. Por eso las define como “mujeres valientes y resistentes” y reconoce que se han convertido en un referente personal: “Para mí esas mujeres se han convertido en un faro”. De ellas dice haber recibido, con el paso de los años, un regalo que tardó en comprender: la esperanza.
La relación con ellas nació mucho antes de que imaginara una exposición. La primera vez que escuchó hablar de aquellas mujeres fue de niña, cuando acompañaba a su abuela Carmen al monte. “Fue mi abuela gallega Carmen, la de Tui, la que cuando yo era pequeña me habló de las mujeres que cruzaban cargadas la frontera para ganarse la vida”. Años después, en 2008, un certamen audiovisual de Play-Doc propuso a los participantes filmar la palabra “camino”. A Diana le vino entonces la imagen de una mujer atravesando el antiguo puente entre Tui y Valença. Se preguntó cómo habría sido el recorrido de aquellas mujeres y qué vidas había detrás de sus desplazamientos.
De aquella imagen surgió el cortometraje "Trapicheiras" y, posteriormente, la película "Mulleres da Raia". Para realizarla, Diana dedicó nueve meses al trabajo de campo en los pasos de Tui-Valença y San Gregorio-Ponte Barxas. No se limitó a recorrer la frontera con una cámara: visitó casas, compartió rutinas y acompañó a algunas mujeres en sus desplazamientos. Quería conocerlas y construir una relación con ellas. De aquel proceso reunió cerca de 70 horas de grabaciones, material que no entró en el montaje final y que conservó en su archivo personal. Casi dos décadas después, buena parte de aquellas voces ya no pueden recuperarse. De las mujeres que grabó, solo tres siguen vivas.
La exposición "Transfronteiriza", que puede visitarse en el Museo do Pobo Galego hasta el 28 de marzo de 2027, devuelve una parte de aquel material al público y amplía el relato con imágenes, documentos históricos y objetos patrimoniales. La frontera aparece así no solo como una línea que separaba dos países, sino como un espacio de trabajo, intercambio y encuentro.
Diana sigue custodiando las grabaciones y lamenta que, hasta ahora, ninguna institución haya asumido su conservación. Su deseo es que ese archivo permanezca en Tui y Valença, cerca de los lugares y las comunidades a las que pertenece. Está en conversaciones con las administraciones locales para explorar esa posibilidad. Después de Santiago, Lisboa figura como próxima parada prevista para la exposición. Pero el horizonte de la cineasta es que esta memoria pueda regresar también a casa.
“Muchas ventanas abiertas a esa otra realidad y dimensión que nos ofrece la frontera”, espera que encuentre el visitante en la muestra. Una invitación a mirar esas vidas, reconocerse en ellas y comprender que, aunque el tiempo y las circunstancias hayan cambiado, algunas de las preguntas que aquellas mujeres se hicieron siguen siendo las nuestras.
Tres años de trabajo más allá de la creación artística
La investigación y la creación artística son solo una parte del trabajo que exige un proyecto como "Transfronteiriza". Diana Gonçalves dedicó tres años a desarrollar la exposición, un periodo marcado por la gestión, la búsqueda de financiación y la necesidad de conseguir apoyos. Una labor poco visible que consume recursos y esfuerzos de los creadores independientes. El formato multidisciplinar de la muestra, que reúne cine, patrimonio, testimonios y elementos audiovisuales en un espacio museístico, obligó a coordinar instituciones y entidades de distinta naturaleza a ambos lados del Miño, además de resolver las necesidades técnicas de una producción.
Gonçalves apunta la contradicción entre los discursos institucionales favorables a la innovación y las dificultades para respaldar propuestas independientes. Pese a centrarse en las mujeres y en la cooperación entre Galicia y Portugal, el proyecto encontró puertas cerradas. Su continuidad fue posible gracias a la colaboración de administraciones locales, instituciones culturales y museísticas, junto con financiación privada. Para la cineasta, esa cooperación forma parte del sentido de "Transfronteiriza": demostrar que las fronteras administrativas pueden superarse mediante el trabajo conjunto.
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