La artesanía como forma de vida

Baixo Miño

El tornero Aitor Martínez es uno de los tres finalistas gallegos de este año de los Premios Nacionales de Artesanía y ya cuenta con otros tres galardones. Trabaja en su taller de la parroquia de Figueiró, en Tomiño

El tornero Aitor Martínez en su taller de Figueiró, en Tomiño, donde crea piezas únicas que ya han conseguido el reconocimiento con varios premios por su labor como artesano.
El tornero Aitor Martínez en su taller de Figueiró, en Tomiño, donde crea piezas únicas que ya han conseguido el reconocimiento con varios premios por su labor como artesano.

En apenas unos años, Aitor Martínez ha conseguido materializar su proyecto vital y convertirse en un artesano premiado por sus creaciones. Un periplo que comenzó hace ocho años, cuando decidió hacer un taller para construir juguetes de madera. El contacto con este material le llevó a sumergirse en el modelado con torno. En un primero momento, fue un complemento a su actividad laboral que, con el paso del tiempo, se convirtió en pasión. El resultado fue dejar todo lo que estaba haciendo y lanzarse sin red para dedicarse al oficio de tornero en cuerpo y alma.

Su taller, situado en la parroquia de Figueiró, en Tomiño, es ahora el lugar en el que pasa la mayor parte del tiempo y de donde han salido piezas que le han llevado ya, pese al poco tiempo transcurrido, a ganar el Premio Joven promesa del Círculo Fortuny y quedar finalista del Premio de Artesanía de Galicia y del Premio Producto. Ahora, es una de las tres candidaturas que Galicia ha presentado a esta edición de los Premios Nacionales de Artesanía. El 17 de diciembre será la gala en Madrid y Aitor lo tiene muy claro. El mensaje que quiere transmitir es que “el artesano tiene que vivir de su trabajo y para ayudar a que sigamos existiendo, es necesario que nos compren nuestras piezas, que sepamos que lo que estamos haciendo tiene sentido”.

Y es que para él, la artesanía es una forma de entender la vida y de expresar lo que lleva dentro, “En lo que haces dejas lo que eres y cómo estás en ese momento”, explica con la misma pasión que moldea piezas únicas e irrepetibles. Piezas que no tienen una utilidad concreta, aunque como él mismo explica “sí tienen una función para quien la compra, y esa es la suerte que tengo, que hay personas que valoran mi trabajo y que sienten algo cuando lo miran. Eso significa que para ellos sí tiene una utilidad”, explica, para puntualizar que “trabajo con mis manos, con mi corazón y conectado a un material como la madera”.

El haber logrado ya varios premios y ser ahora uno de los finalistas del Nacional de Artesanía es para él “un reconocimiento que ayuda a continuar. Te hace sentir que vas en buena dirección con tu trabajo”. La noticia de este último reconocimiento le llegó cuando se encontraba en Francia, en la escuela Jean Francoise Escoule, el único centro del mundo especializado en el torneado en madera y en el que se encuentran algunos de los mejores maestros en este oficio tradicional. Fue una apuesta que Aitor hizo y que le permitió “conocer a los mejores profesionales del torneado de madera. Regresé con la idea de que era el momento de hacerlo y me metí en mi taller, sin apenas herramientas, a trabajar”. Desde entonces, de sus manos han salido colecciones únicas, como las gotas de agua en madera. Piezas únicas, todas diferentes y que transmiten una sensación etérea y cálida al mismo tiempo. Para llevar a cabo este trabajo, asegura que su mayor apoyo son “mis hijas. Ellas me han dado la fuerza”.

Las piezas de Aitor Martínez son piezas de arte creadas con técnicas artesanales.
Las piezas de Aitor Martínez son piezas de arte creadas con técnicas artesanales.

Pasión por la madera y el torno

La magia de uno de los materiales más nobles impregna toda la obra del tornero Aitor Martínez. Rodeado en su taller de Figueiró de un paisaje en el que el bosque es el mayor protagonista, las maderas proceden en la gran mayoría de sus piezas de ese mismo entorno natural que se puede ver a través de sus ventanas.

Una apuesta por los materiales de cercanía, filosofía que aplica en todos los ámbitos de su actividad creativa y a su periplo vital. Así, de sus manos salen piezas de castaño, acacia, fresno, naranjo o del roble, una de las más frecuentes en sus piezas.

Con un torneado apurado, que saca formas casi imposible y perfectas, en muchas ocasiones el proceso creativo va más allá del propio trabajo del creador. Y es que este artesano tiene una querencia especial por las maderas verdes. Esas que continúan secando al mismo tiempo que surgen las formas y que contribuyen con su propia transformación en el espíritu y acabado final.

Una apuesta arriesgada, pero que termina formando parte de la propia pieza. Y es que como él dice, la artesanía “es una forma de ver la vida”, y la suya es una apuesta por lo auténtico y sin límites.

Contenido patrocinado

stats