El pulso fronterizo incrementa la tensión entre la UE y Minsk
Lukashenko afirma que no está obligado a proteger a la Unión Europea del flujo de migrantes
La tensión entre la Unión Europea y Bielorrusia aumenta cada día tras la llegada el lunes de unas 2.000 personas desde Minsk a la frontera polaca, un pulso que el autoritario líder bielorruso, Alexandr Lukashenko, echa a los Veintisiete y que tiene a los migrantes como las grandes víctimas. El pasado lunes una gran columna de migrantes procedentes de Oriente Medio, mayoritariamente kurdos de Iraq y Siria, llegó a la frontera de Bielorrusia con Polonia. En imágenes divulgadas se podía ver a efectivos de las fuerzas de seguridad bielorrusas acompañando a lo que resultarían ser unos 2.000 migrantes, según Minsk. Desde entonces erigieron precarios campamentos con madera y tiendas de campaña en la frontera en medio de bajas temperaturas nocturnas, que intentan combatir con hogueras, y falta de alimentos. Entre los migrantes hay muchos niños y también mujeres embarazadas.
El jueves llegó a la frontera la primera operación humanitaria efectuada con ayuda de la Cruz Roja bielorrusia y la ONU. Desde ese enclave, cerca de la región bielorrusa de Grodno, vestidos muchos con ropa de abrigo, intentan cortar el alambre de espino y cruzar a la UE, pero en el otro lado de la frontera se topan con 15.000 efectivos de Polonia. A través de lo que se conoce como la ruta bielorrusa. Llegan en vuelos desde Oriente Medio y de países del Golfo operados por distintas aerolíneas, como por ejemplo de Turquía.
VISADOS DE TURISTAS
Bielorrusia afirma que llegan de manera legal con visados de turistas. Pero ONG consultadas afirman que se trata de una operación organizada desde Minsk. Según la abogada bielorrusa Aliona Chéjovich, experta en inmigración, las autoridades bielorrusas “fueron quienes lanzaron hace varios meses una campaña publicitaria” en la que Bielorrusia figuraba como el país de tránsito hacia la UE. En dicha campaña participarían y se beneficiarían las agencias turísticas y los turoperadores que dependen de la Administración presidencial. El origen está en las sanciones de Occidente contra el régimen del presidente bielorruso. La UE desconoce el resultado del elecciones presidenciales de agosto de 2020, en las que Lukashenko se atribuyó más del 80 % de los votos y que la oposición y Occidente consideran fraudulentas. La represión-que incluían denuncias de torturas- fue la respuesta de Minsk a las mayores protestas opositoras y ciudadanas en la historia de Bielorrusia.
Las sanciones se endurecieron después de que en mayo pasado el régimen bielorruso forzó el aterrizaje de un vuelo de la aerolínea de bajo coste Ryanair que cubría la ruta Atenas-Vilna con el argumento de que había un aviso de bomba que resultó ser falso. Ese desvío del avión permitió al Gobierno bielorruso detener al periodista al periodista opositor Román Protasevich y a su pareja, la ciudadana rusa Sofía Sapega.
Lukashenko afirmó a continuación que no estaba obligado a proteger a la UE del flujo de migrantes cuando el bloque comunitario ha impuesto sanciones que impactan en la economía del país. “Nos están asfixiando y ¿nosotros debemos protegerles? Escuchen, ¿eso no es ingenuo? Ingenuamente, esto ya es una locura”, dijo en julio, admitiendo por primera vez que no iba a hacer nada para parar el flujo.
Polonia reforzó la frontera con Bielorrusia con 15.000 efectivos entre Guardia Fronteriza, policías y reservistas. Se mantiene vigente el estado de emergencia en los casi 200 municipios fronterizos con Bielorrusia y ha prohibido totalmente el acceso de civiles a las zonas más conflictivas. Varsovia, junto a toda la UE, considera la crisis no una crisis migratoria sino política y acusa a Lukashenko de tráfico de personas y de librar una guerra híbrida contra la UE para desestabilizar el club comunitario. Polonia no se mostró transparente hasta la fecha sobre la situación en su frontera con Bielorrusia, a la que impide el acceso, ni aceptó la ayuda de Frontex ni otras agencias europeas. El primer ministro de los Países Bálticos, Gabrielius Landsbergis, pedirá a la ONU que presione a Bielorrusia para abrir un corredor humanitario que permita el retorno a casa de los migrantes congregados en la frontera con Lituania y Polonia.
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