Primero Feijóo y después Feijóo

Ha conseguido que la gente se fije más en su imagen trabajada de contable que en los malos números que presenta, aunque quizá esta vez, como en 2009, tampoco se crea este abultado resultado de las elecciones

Un par de días después de ganar las elecciones de 2009, un amigo llamó a Alberto Núñez Feijóo para transmitirle su felicitación. 'Todavía no me lo creo', le respondió. Claro que tanto el socialista Emilio Pérez Touriño como el nacionalista Anxo Quintana, presidente y vicepresidente, tampoco se creían la colleja que acababan de recibir en las urnas.

xabier r. blanco.
Publicado: 22 oct 2012 - 09:19 Actualizado: 10 feb 2014 - 12:45
2012. Durante la recién terminada campaña electoral.
2012. Durante la recién terminada campaña electoral.

Aún no había terminado de instalarse en Monte Pío cuando Feijóo sorprendió a los parroquianos del bar que está al lado de la residencia oficial del presidente de la Xunta presentándose para apurar un cafelito como uno más.Pero el síndrome de Monte Pío es demasiado fuerte para no ser inoculado por un virus que te aleja del mundo. Touriño se atrincheró con sus colaboradores más cercanos, esos que le decían lo que quería escuchar. Y a Feijóo, ese chico JASP de Os Peares (1961), demasiado pijo en la aldea, algo aldeano para los que se creen más por haber nacido en la ciudad, sucumbió al mal de Monte Pío y se convirtió en un político lejano que hace todo lo posible para parecer cercano.

Instauró la costumbre de hablar un rato con los periodistas después de la rueda de prensa de los consellos de la Xunta. Pero esas charlas se convirtieron en lecciones de ética periodística, aguijonazos dedicados a los que no aplauden cada uno de sus acciones. 'No sabéis el daño que hacéis a Galicia titulando así', repitió hasta la saciedad. Para Feijóo, él no ha tenido la culpa de nada. Incumplió cada uno de los 14 puntos firmados en su Contrato con Galicia antes de las pasadas elecciones, pero siempre encontró una excusa para justificar que Galicia está peor después de tres años y medio con él al mando.

Empezó su mandato escudándose en las malas cuentas que le dejaba su bipartito y acabó su gestión argumentando que el informe del Consello de Contas firmado por José Antonio Orza, hombre de las cuentas en todos los mandatos de Manuel Fraga, en el que se advierte de un desvío de 411 millones del ejercicio 2010 al 2011 se trata de un 'anteproyecto'. Cuando Zapatero ya no estaba para apandar con las culpas, en vez de mantener el discurso acerado contra el Gobierno central porque ahora está en manos de Rajoy, Núñez Feijóo hurgó en las cicatrices de otras comunidades autónomas para camuflar que Galicia está peor que hace cuatro años.

Político sin territorio –en A Coruña manda Negreira; Barreiro, en Lugo; Baltar, en Ourense, y Louzán en Pontevedra–, este funcionario de 51 años consiguió caparle la boina a Francisco Cacharro Pardo en Lugo, pero se estrelló contra el baltarismo en Ourense. De ahí no pasó su intento por controlar el partido. Feijóo no cuenta con tierra en el país de los marcos, ni se ha dejado las plumas para conseguir una alcaldía o un escaño en el Parlamento, pero Romay Beccaría es mucho Romay Beccaría y puede hacer que cualquiera caiga siempre de pie. Fraga lo sacó de Correos para sentarlo en la vicepresidencia de su Gobierno cuando sucedió la catástrofe del 'Prestige' y también le allanó el camino cuando se celebró la batallita por la sucesión, como no olvida Xosé Manuel Barreiro.

Feijóo fía su carrera política a la imagen, de la que siempre se preocupó y cuida con cierta inseguridad. '¿Crees que ligas más tú o yo?', le preguntó a un atónito periodista cuando era el líder del PP en la oposición y todavía no se había desprendido de la gomina para sacudirse la apariencia de pijo llegado del Foro.

Mejor tertuliano que gestor imaginativo, ha conseguido despertar simpatías en los medios de comunicación madrileños y con la política de subvenciones hizo que muchos medios gallegos escribiesen al dictado de la Xunta.

'Feijóo es como el entrenador Joaquín Caparrós. Le encanta a todas las aficiones de los equipos a los que no ha entrenado'. Esta definición de un militante crítico del PP encalló ayer con un político a los que muchos le auguran un banquillo en Madrid. En los mentideros del partido se dice que a Rajoy no le gustó que Feijóo encargase una encuesta a nivel nacional para comprobar sus posibilidades como candidato a la presidencia del Gobierno nada más ganar las elecciones gallegas de 2009 y que Mariano no olvida. Qué hay de verdad lo saben los dos. Lo que sí es cierto es que a pesar de dispararse el paro; de haber doblado la deuda gallega; de crear un problema con el gallego que no había; de tener en los huesos a los sectores productivos; del escándalo de las preferentes; de tener en pie de guerra a sus compañeros funcionarios, que cada jueves le protestan a la puerta del Consello de la Xunta... de estar peor Galicia que cuando llegó al Gobierno, Núñez Feijóo ha logrado que los electores se fijen más en él y en su imagen trabajada de contable que en los números que presentaba. Así, con Feijóo y después también. Los gallegos decidieron entregarle una mayoría absoluta todavía más amplia. Quizá tampoco esta vez se crea el resultado. El café con leche, cada vez más solo a pesar del número de escaños.

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