Trabajos inmunes a la inteligencia artificial
Experiencia, proyectos únicos, la toma de decisiones ágiles y el trato humano explican por qué un mecánico, un electricista, una modista y una taxista no necesitan IA
La inteligencia artificial se ha colado en las vidas de las personas de forma muy rápida y sin apenas tiempo para ponerle límites y reflexión sobre en qué puede ayudar y en qué no. Ya se ponen números a la cantidad de empleos que se perderán -un 40% en la próxima década, dice Naciones Unidas- y otros que se crearán por la irrupción de nuevas formas de trabajar. Sin embargo, hay profesiones que, de momento, parecen inmunes a la IA. Ya sea porque el trato humano es fundamental, porque la experiencia que no está en internet es esencial, porque es vital tomar decisiones innovadoras de forma ágil, o porque cada nuevo proyecto es único, según las reflexiones de un mecánico, un electricista, una modista y una taxista de Vigo.
Julio Lorenzo es mecánico en Midas con 35 años de experiencia y admite que hoy su trabajo es diferente, porque “estás más tiempo con el ordenador y con las tablets”, pero es rotundo al señalar que “a la hora de cambiar las piezas, la IA no va a cambiar nada”. Le encuentra utilidad a que facilita algunas cosas: “en el cribado que tienes que hacer al detectar una avería, te reduce un poquito las posibilidades”, pero también puede ocurrir, que “a lo mejor no es ninguna de esas opciones, porque te puede dar un fallo en un elemento, pero el que falla es otro. Y eso te lo da la experiencia”. En su trabajo “tienes que estar siempre en un proceso continuo de aprendizaje y de formación”, explica, y sobre todo “tener la mente abierta” para los cambios.
Ismael Gómez Dacuña es electricista en Electricidad Varela, con años de profesión a sus espaldas, y ve “imposible” que una inteligencia artificial sustituya el trabajo que realiza una persona en este oficio. Sobre todo porque buena parte de los trabajos son en viviendas antiguas “y es todo muy manual”. Apunta que podría ver alguna IA en procesos automatizados, aunque en esas casas industrializadas llegará un momento en que el propietario quiera hacer una reforma “y tendrá que volver al modelo manual”. Porque “una cosa es hacer una obra en una fábrica, que luego se transporta y se coloca, y otra modificar instalaciones".
Conchi Prado es modista y tiene una tienda en el Centro Comercial Camelias. Sólo en un rato allí se comprueba cómo el trato personal es insustituible. Conchi ni siquiera usa Google para consultas: “En este trabajo tienes que tener los conocimientos de base para afrontar lo que te venga por la puerta”, explica. Es rotunda al señalar que “yo confío solo en mi criterio”. Ni siquiera tiene web ni redes sociales. Ya ha cumplido 64 años y no piensa en jubilarse, “soy una persona de retos y me gusta mucho mi trabajo”, añade.
Blanca Vila García lleva 26 años de taxista y coincide en que “ninguna máquina podrá sustituir el valor humano”. Lo resume muy claro: “El taxi no es solo llevar a alguien de un punto A a un punto B; también es psicología, cercanía y servicio social”. Explica que “hay clientes que hablan de problemas familiares, económicos o de salud porque saben que la taxista escucha y respeta su intimidad”. Además, la conductora tradicional mantiene una conexión directa con la vida de la ciudad: conoce el tráfico, el ambiente de las calles o las manifestaciones. Aunque reconoce que habrá quien usará servicios automáticos, los profesionales del taxi sostienen que siempre existirá una necesidad de atención humana.
Julio Lorenzo, mecánico de coches: “La IA no va a cambiar piezas”
El trabajo de mecánico de coches ya no es como antes, con el martillo y el destornillador todo el día, “hoy estás más tiempo con el ordenador y con las tablets”, explica Julio Lorenzo mecánico en Midas. Admite que la IA puede ser una ayuda, pero es rotundo al señalar que “a la hora de cambiar las piezas, la IA no va a cambiar nada”. Le encuentra utilidad a que facilita algunas cosas, pero al final lo que prima es "la experiencia”.
Conchi Prado, modista: “No necesito IA confío solo en mi criterio”
Conchi Prado es modista y tiene una tienda en el Centro Comercial Camelias. Sólo con estar un rato allí se puede comprobar cómo el trato personal es insustituible. Conchi ni siquiera usa Google para consultar dudas: “En este trabajo tienes que tener los conocimientos de base para afrontar todo lo que te venga por la puerta”, explica. Es rotunda al señalar que “yo confío solo en mi criterio”. Ni siquiera tiene web ni redes sociales porque “no es necesario para mí”. Ya ha cumplido 64 años y no piensa en jubilarse.
Ismael Gómez Dacuña, electricista: “Imposible que una IA haga de electricista”
Ismael Gómez Dacuña es electricista en Electricidad Varela, con unos cuantos años a sus espaldas de profesión, y ve “imposible” que una inteligencia artificial sustituya el trabajo que realiza una persona en este oficio. Sobre todo porque buena parte de los trabajos es en viviendas antiguas “y es todo muy manual”.
Blanca Vila, taxista: “El taxi también es psicología y cercanía”
Blanca Vila García lleva 26 años de taxista y lo resume muy claro: “El taxi no es solo llevar a alguien de un punto A a un punto B; también es psicología, cercanía y servicio social”. Explica que “hay clientes que hablan de problemas familiares, económicos o de salud porque saben que la taxista escucha y respeta su intimidad”. Además, la conductora tradicional mantiene una conexión directa con la vida de la ciudad: conoce el tráfico, el ambiente de las calles o las manifestaciones.
“Pensar en sustituir empleo de oficina es prematuro”
“La IA carece de creatividad genuina o capacidad para formular preguntas originales”, asegura Wolfgang Münchau, director de Eurointelligence Ltd, un servicio de análisis de la UE, en el último número de “Cuadernos de Información Económica” de Funcas. Por ello, considera exageradas muchas predicciones sobre una sustitución masiva e inmediata del trabajo humano.
Aunque precisa que la IA ya está reemplazando ciertas tareas de cuello blanco, opina que su impacto será gradual, desigual y dependerá de cómo las empresas y los países adopten la tecnología. Estados Unidos lleva ventaja frente a Europa, donde regulaciones, estructuras empresariales rígidas y modelos de gestión obsoletos frenan la innovación. La IA destruirá empleos, pero también creará nuevos sectores y transformará las competencias demandadas. El verdadero riesgo no es un colapso económico inmediato, sino la disrupción social y política derivada de esta transición tecnológica.
Vicente Salas, profesor de la Universidad de Zaragoza, explica en el mismo documento de Funcas que la IA sigue patrones muy similares a los observados en revoluciones tecnológicas anteriores: empieza antes y es más rápida en países con mayor nivel de desarrollo económico y posteriormente se difunde en el resto con menor nivel de renta. Ocurre lo mismo con las grandes empresas y las de menor tamaño.
El artículo analiza la adopción de la IA en la UE, que ha crecido con rapidez en los últimos años, pero va por detrás de Estados Unidos. En el grupo de mayor adopción destacan Dinamarca, Finlandia y Suecia, con tasas superiores al 35%. En el extremo opuesto, países del sur y del este de Europa -como Rumanía, Polonia, Bulgaria o Grecia-, con niveles de adopción inferiores al 10%. España se sitúa en una posición intermedia en adopción empresarial, con una tasa del 20,3% en 2025, en la media europea.
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