El Gran Peña firma un empate en la ida

Fútbol | Ascenso a Segunda RFEF

El Gran Peña igualó un duelo vibrante en Ourense que deja muy abierta la eliminatoria

El granpeñista Javi Piay sale al cruce de Álex Fernández para arrebatarle la pelota ayer en O Couto.
El granpeñista Javi Piay sale al cruce de Álex Fernández para arrebatarle la pelota ayer en O Couto.

Siguiendo los principios básicos de la democracia y teniendo en cuenta el porcentaje de aficionados y el porcentaje de entrenadores que existe en la sociedad, el empate de ayer entre la UD Ourense y el Gran Peñafue una fiesta del fútbol. Una locura, de las que pone al borde del colapso a los técnicos, pero también de las que hacen disfrutar a los fans, con un resultado que deja abierta esta segunda eliminatoria del play-off de ascenso a Segunda Federación. Incluso, con un punto de favoritismo para el Celta C, que perdía 3-1 en el minuto 70 y acabó por igualar para darse la oportunidad de definir en Barreiro, con el comodín de que le vale el empate.

Todo tras un enfrentamiento de poder a poder. La escuadra ourensana porque jugaba en casa, la granpeñista porque es su ADN, pero ambas salieron a por el partido. Cada una con sus armas. Así, la presión alta local comenzó a asfixiar la salida de balón de los pupilos de Luis Bonilla, algo atascados en esa primera fase del juego. Poco a poco, la balanza parecía decantarse hacia el lado rojo, con acometidas de Santi de Prado, Yelco Alfaya o Luismi.

Y lo que se veía venir, finalmente llegó. Un saque de puerta a la corta del Celta C, una entrega comprometida del portero Álex Vila y una presión local excelsa, terminó en robo en la frontal, asistencia de Champi y gol de Luismi. Uno de Cangas pasaba y otro de Chapela mataba.

De alguna manera, el tanto cristalizaba la sensación sobre el campo. El ritmo ourensano era superior. Con esa energía, los locales maniataban desde la presión y superaban desde la verticalidad al Gran Peña. Pero un despliegue así no se puede mantener durante un partido completo en esta categoría. Pese a su juventud, el conjunto celeste tuvo temple para aguantar el chaparrón a la espera de que escampase.

Y, ya en el segundo tramo del primer acto, los rayos solares asomaron entre las nubes con los dos Óscar como protagonistas. Lorenzo le daba profundidad por fuera y Gil calidad por dentro. Y colmillo. Porque el mediapunta de Moaña fue el jugador visitante más peligroso con la voracidad de su bota izquierda como exponente principal. Un disparo desde fuera del área que se marchó acariciando el palo sirvió de escarceo. Una acción posterior, en la que no pudo golpear de lleno, fue la más clara. El local Lucas Puime había tocado lo suficiente la pelota como para incomodar la definición del morracense.

La segunda parte fue cambiar para que nada cambie. Porque la UD Ourense decidió contemporizar y defenderse con balón y el Gran Peña castigó de la misma manera que fue castigado. Presión alta, robos en campo contrario y uno o dos pases para finalizar. Y, de nuevo, con Óscar Gil como guía. En una de estas transiciones, el moañés filtró un pase sensacional para Tato, que entrando desde la izquierda, batió a Cobo.

Le duró poco la alegría al Celta C. Muy poco. Siempre se dice que los detalles marcan las diferencias en un play-off y encajar el segundo tanto a los dos minutos de empatar es la definición perfecta de este tópico. Una llegada en oleada del equipo rojo por la derecha derivó en un centro al área que Luismi distribuyó de cabeza como si fuera Jokic en el poste alto. En el otro lado apareció Samu Pardo, que remató de primeras. Adentro. El delantero chapeleiro volvía a ser diferencial en una mañana excelsa para él.

Pudo ser peor para los visitantes. Jesús Ares, canterano céltico, estrelló contra el palo la primera pelota que tocó nada más entrar desde el banquillo. Otro producto de A Madroa, Yelco Alfaya, repitió madera solo un minuto después. Dos sustos de impresión. A la tercera, la UD no perdonó. De nuevo Luismi marcó la diferencia con un latigazo cruzado desde el pico del área.

La lógica dice que con 3-1 y en casa, el equipo experto debería tener cerrado el partido ante el joven. Pero no existió la lógica en O Couto. Porque los ourensanos siguieron atacando y la calidad de los célticos combinada con espacios es un cóctel muy peligroso. Así, a la carrera, Millán clavó en la escuadra un misil desde el rincón del área. Apenas llevaba unos minutos sobre el césped. Otro suplente, Mario Fuente, culminó la neutralización en los últimos compases. El asturiano recibió al espacio de Piay y cruzó de primeras lejos del alcance de Cobo para rubricar el colofón a una locura que continuará en Barreiro la próxima semana.

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