España asume el reinado mundial con su fútbol

Fútbol | Mundial

La selección fue muy superior a una Francia minimizada por un juego coral que propicia la segunda final de la historia tras una semifinal para el recuerdo

Publicado: 14 jul 2026 - 23:29 Actualizado: 15 jul 2026 - 09:23
España celebra el pase a la final del Mundial.
España celebra el pase a la final del Mundial. | EP

España fue ayer mucho mejor que Francia. El fútbol que España propugna, colectivo y con balón, fue mucho mejor que el fútbol que Francia sostiene, a la carrera y con enormes individualidades. El Mundial tiene un favorito claro. Sólo falta ganarlo en la final.

La precaución mata a la pasión. O, al menos, la pausa. España no quería dejarse llevar. Más que nunca, quería controlar. Porque la continuidad jugaba a su favor ante un rival como Francia, maestra en lo discontinuo. Por eso, se coartaba en las contras posibles para impedir las probables -fugaces y mortales- de los galos. No importaba si el balón se mareaba; es su naturaleza. Nada sorpresivo en cuanto a planteamiento. Incluido el temor por encima de la valentía.

La primera señal de ese intento de convertir en rutina futbolística -posesión ante contragolpe- toda una semifinal mundialista fue el once de España. Luis de la Fuente tiene sus ideas tan ajustadas como su traje y repitió el mismo equipo de cuartos de final, con esa matiz de Fabián por Pedri. Mucho centro del campo, como siempre, aumentado aún más con la labor de apoyo continuo en esa zona del campo de Mikel Oyarzabal. Un delantero sin área pero con una enorme capacidad de dar continuidad. Lo que ayer se buscaba incluso más que en ocasiones precedentes.

Con el diseño de partido pactado, faltaba que llegase el desequilibrio guadianesco. Que siempre está, aunque no se espere y por mucha precaución que tengas. En Francia, quien tiene la capacidad de romper líneas -incluso las tan trabajadas y correctas líneas de presión alta y media de la selección española- es Olisse. Y el jugador del Bayern de Munich dejó un par de primeros toques que, por suerte, no encontraron a Mbappé y sí a un Dembelé desacertado. El madridista estuvo bien controlado sin esos espacios que cabalga con la cotundencia y el acierto que ningún otro jugador en el mundo tiene. No encontró la manera de aparecer hasta después del gol español.

Porque España se adelantó en el marcador. Lo hizo en una acción fuera de guion. Con una Francia sin capacidad de conducir desde atrás y con España moviendo el balón desde la brújula de Rodri, el balón se movía sin demasiado peligro por el área gala cuando Digne quiso despejar en giro y no vio venir a Lamine, que recibió una patada tan absurda como real. Era el minuto 19 y dos después, tras las protestas y las comprobaciones preceptivas, Oyarzabal demostró ser un especialista en penaltis para batir a Maignan, que hasta entonces había dado ejemplo de un gran juego con los pies.

Con el marcador a favor, la posesión cobra todo el sentido y la apuesta por el contragolpe se antoja escasa. Francia, por primera vez en el torneo, estaba por detrás en el marcador. Las sensaciones favorecían a los de blanco ayer. Las buenas, claro está. Las malas eran francesas, más cuando Saliba se echó al suelo lesionado, obligando a Dechamps a gastar una ventana de cambios y a variar su habitual pareja de centrales para sacar a Lacroix. Una vez más en este Mundial, los problemas físicos acechaban al rival.

Un partido de este calado no se acaba con un gol ni con una lesión. Francia seguía sin encontrar un funcionamiento sincrónico, como en la mayoría de este torneo, pero no le hace falta si esta Mbappé. Aunque fuese a trompicones, la estrella gala empujó a los suyos hacia arriba. Y por la banda derecha, el barcelonista Koundé exigió más esfuerzo de Baena y Cucurella, que se cargó con una tarjeta amarilla. Fueron casi ocasiones, más que ocasiones. Pero fueron. Sabiendo que si Oyarzabal estaba por el centro del campo, España no tenía presencia en el área gala. Aun así, Fabián pudo marcar culminando una gran combinación de Lamine y Olmo.

Quiso Francia jugar a otra cosa tras el descanso. Se sintió obligado por el marcador e impelido por su demostrada capacidad ofensiva. Su problema es que comenzó a romperse como equipo y España maneja perfectamente la ocupación de espacios progresiva con el balón como raíl. Sin sentirse agobiado atrás, la posesión se convirtió en una oportunidad de hacer daño en sí misma. Si la selección superaba la alocada primera línea de presión gala, aparecían oasis para situarse delante del área rival con posibilidad de trazar pases. Y ahí surgió una pared precisa entre Porro y Olmo -maestro en lo que sucede siempre en los espacios a su espalda- que culminó el lateral con enorme precisión.

Con el 0-2, el control del partido ya se extendía a todo lo importante. Porque marcar un gol a esta España es arduo complicado, dado su funcionamiento colectivo. Y la semifinal se cerró entré olés y celebraciones por cada pase concretado por la selección española. Ni un pero a la gran favorita a ser campeona el próximo domingo.

Contenido patrocinado

stats