Támara Echegoyen: “La vela oceánica está en mi cabeza porque tengo una asignatura pendiente con ella”
Vela
“Aún no puedo describir qué se siente al ser campeona olímpica”, confiesa la regatista, que se retira de la vela olímpica
Horas después de anunciar que se retira de la vela olímpica,
Támara Echegoyen (Ourense, 1984) se muestra tranquila al descolgar el teléfono y sorprendida por la repercusión. La canterana del Náutico de Vigo se va con cuatro Juegos, en los que ha ganado un oro y ha sido abanderada de España. Pero, sobre todo, con el corazón lleno por el cariño unánime de compañeros y rivales.
¿Cómo se siente tras anunciarlo?
Me siento tranquila. Las redes sociales nos dan la posibilidad de conectar con todo el mundo y era la hora de hacer un anuncio personal. Creo que le debía a todas esas personas con las que había compartido campañas, no solo compañeros, sino también adversarios y demás, que supiesen que era mi final olímpico. Es una decisión difícil porque es una vida que siempre adoré y tener que decir adiós a lo que tanto te apasiona es complicado.
¿Cuándo tomó la decisión?
Antes de los Juegos había dicho en alguna entrevista que sentía que ya era hora de cerrar este capítulo y que mi cuerpo pedía enfrentarse a otros desafíos. Era algo que me salía naturalmente. La realidad es que después de los Juegos, en el tiempo que he tenido para descansar, se afianzó la decisión. Sin lugar a dudas, era el momento de hacerlo.
¿Otro resultado en París habría cambiado la decisión?
Ningún resultado me hubiese hecho cambiar de opinión. Tomar la decisión de dejarlo no iba a depender de un resultado. Es algo natural, que me pedía la cabeza y ya llevaba unos años viendo que las campañas olímpicas te dan muchísimo, pero también te quitan. Por ejemplo, tiempo para afrontar otros proyectos. Lógicamente, hubiese deseado que este capítulo se hubiese cerrado con una medalla, pero el alto rendimiento también te da momentos muy duros. Esa semana en Marsella no me permitió dejar constancia de la preparación que llevábamos como equipo, pero soy consciente de que un resultado no puede marcar la trayectoria de una persona. Lo disfruté de una forma más amarga, pero lo disfruté al fin y al cabo.
La parte dulce en Francia fue ser abanderada.
Fueron los primeros Juegos a los que llegué con un regalo. Sabemos que es muy difícil clasificarte y hay que apreciar el hecho de estar allí. Pero hacerlo siendo abanderada junto a Marcus Cooper es un reconocimiento a mi trayectoria deportiva que no siempre sucede. Fue un regalo porque siempre estamos tan metidas en conseguir los objetivos que nos olvidamos de lo que ya hemos hecho. Y tener ese recordatorio está muy bien porque es un mérito que te llega gracias a tus resultados deportivos. Verme allí, rodeada de los deportistas a los que representaba, fue un momento inolvidable.
Antes encadenó dos cuartos puestos en Tokio y en Río. ¿Cuál fue más duro?
El resultado más doloroso fue el de Río de Janeiro. Es algo anecdótico que cuatro barcos llegasen empatados a puntos a la ‘Medal Race’ y el que la ganase, ganaba. Nosotras fuimos las que quedamos cuartas. Es una sensación de que se te escapa algo por lo que has navegado tanto. Sobre todo porque tenías la sensación de que estabas demostrando en el agua el nivel que se merecía esa medalla. El vacío que te queda al terminar esa regata es impensable y el dolor que sientes, increíblemente indescriptible. El tiempo lo relativiza y te das cuenta del valor que tiene, pero ese momento de impotencia y frustración no te lo quita nadie. Pero es algo que me ayudó a coger carrerilla. Después hice una Vuelta al mundo y volví con ganas para hacer otra campaña, regresar a unos Juegos y ganar un Mundial.
En la parte opuesta, ¿qué se siente al ser campeona olímpica?
La realidad es que aún se me ponen los pelos de punta. Es increíble porque nunca lo pude describir y aún no soy capaz de hacerlo. Es una mezcla de emociones tan grande que ni yo sabía qué quería expresar. Porque eran mis primeros Juegos, lo duro que fue llegar, todo lo que hubo que manejar en la competición y, de repente, te ves encima del podio olímpico, donde todo pasa muy deprisa y la adrenalina te sale por los poros. No puedes asimilar lo que realmente has conseguido. Pasó una semana hasta que me di cuenta de que era campeona olímpica. ¡Fue tan sumamente excepcional!
Pero tras esos focos hay cuatro años de trabajo oscuro. ¿Cómo de dura es una campaña olímpica?
Nosotros vivimos de nuestros resultados. Por lo tanto, la presión que tenemos es que debemos cumplir objetivos para poder seguir contando con un respaldo económico o no. Es mucha tensión. Porque tú puedes tener un año muy bueno, que si llegas al Mundial y por cualquier motivo no sacas el resultado esperado, puedes quedarte sin beca o que el apoyo federativo se reduzca. Es un trabajo continuo, pero sabes que solo vas a tener ese soporte si sacas buena nota en el examen. Por lo tanto, estamos acostumbrados a gestionar grandes presiones.
Debe de ser duro.
La gente no entiende que yo trabajo 12 meses y el salario, si llega, es a final de año. Mientras tanto, tú tienes que seguir invirtiendo y creyendo en tu proyecto para llegar al Mundial y obtener los resultados que te permitan seguir. Luego, también es cierto que hay una durabilidad de las becas que puede ser superior al año y que el apoyo federativo te puede permitir seguir, pero a lo mejor muchas veces no vivir. Es una presión importante la que soportamos con los resultados y que no siempre podemos paliar con patrocinadores potentes porque tenemos una visibilidad muy reducida o casi nula con respecto a otros deportes. Es como la pescadilla que se muerde la cola. Eso sí, en mi caso hay que decir que soy muy afortunada porque desde Londres he podido gozar de patrocinios y buenos resultados. Pero conozco la otra cara de la moneda, la de antes de 2012. Fue un suplicio a nivel económico y lo pudimos hacer gracias a nuestras familias.
¿Qué planes tiene ahora? ¿Quizá vela oceánica?
(Se ríe). Para ser sincera, mi gran prioridad es centrarme en mí misma y encarar este cambio radical. Necesito estabilizarme y descansar antes de elegir cuál es el siguiente objetivo por el que voy a luchar. Lo que está claro es que voy a seguir siendo deportista. Aún no es el momento de colgar las botas. La vela me ofrece diferentes clases y opciones a las que puedo acceder. Sí que te tengo que decir que la vela oceánica está en mi cabeza porque tengo una asignatura pendiente con ella. No lo niego. Pero la realidad es que lucharé por un proyecto que me lleve a conseguir los objetivos que me marque. El 2025 será un año de cambios y decisiones.
No sé si está al nivel de los éxitos deportivos, pero se va de la vela olímpica con el cariño de todos.
Es algo que tengo que agradecer. Siempre me gustó dejar un legado en cuanto a la forma en la que considero que se debe trabajar y comportarse en este mundo para conseguir los objetivos. Y es cierto que cuando vi tantas respuestas al anuncio me quedé anonadada. Me dejó muy claro que todos me respetan y de alguna manera se inspiraron en mí. Es una de las metas que siempre busqué, pero me sorprende la huella que dejo en compañeros, adversarios, gente de la vela, periodistas y familiares. Esto habla un poco de quién soy de que he conseguido llegar lo más alto sin abandonar mis valores.
Habla de legado. Usted deja uno que abre caminos: es, junto a Sofía Toro, la primera mujer gallega con una medalla olímpica.
El deporte femenino está encontrando su hueco. Llevamos menos años de historia, pero estamos recorriendo el camino mucho más rápido. Lo más importante de ser la primera es que se abren las puertas para que vengan muchas más. Ese es el verdadero valor que puede tener el resultado que Sofía y yo conseguimos en Londres. Estoy muy orgullosa del deporte gallego y, sobre todo, del femenino por cómo va escribiendo su nombre en la historia.
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