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Una serie de ‘catastróficas desdichas’, o mejor dicho, de benditas casualidades, ha llevado a Sergio Mallo (Vigo, 24 de octubre de 1996) ha convertirse en el segundo entrenador vigués en Liga Asobal, título que comparte con Roi Sánchez, del Horneo Alicante.
En un año ha pasado de segundo entrenador a ascender a Asobal, ¿cómo lo valora?
La verdad es que empecé de ayudante de Toni Malla, que se fue al Puente Genil en enero, cuando pasé a ser el primer entrenador. Empezamos perdiendo de 14 en Sevilla (30-16), en mi primer partido. De hecho, el presidente hace un chascarrillo de “¿no querías un debut inolvidable?, pues bueno, ya lo tienes”. Seguimos creyendo en el trabajo que hacíamos y conseguimos hacer una fase en casa. Y eso, con la afición, que siempre aprieta un poco más. Bueno, aún no nos terminamos de creer que hayamos podido ascender a la primera.
El cambio de categoría, ¿es un salto muy grande?
La diferencia ya no la marca tanto la calidad sino el físico. La gente es mucho más grande, las distancias son otras, la forma de jugar de los equipos es distinta. Vamos a mantener el bloque, a seguir formando jugadores, pues sabemos que ascender es muy difícil. Los equipos que ya están establecidos y llevan años pues tienen una metodología hecha. Pero en general creo que es un punto más de físico en el balonmano. Gente más grande, más lanzamiento exterior. Nos intentaremos adaptar lo antes posible.
Han logrado el acenso el año del 75 aniversario del club. ¿Cuál es su objetivo para la temporada?
Vamos con la idea de mantener el bloque, de ser valientes, de proponer cosas distintas, que es lo que nos ha traído aquí. Que coincida con el 75 aniversario es el mejor regalo que le podemos hacer al club. Pero bueno, tenemos los pies en el suelo, sabemos que es muy difícil, pero a ilusión y ganas no nos va a ganar nadie.
Viene del balonmano femenino. Ha comentado que aprendió de Isma Martínez esa diferente gestión del banquillo. ¿Cómo ha sido en Sagunto?
La verdad es que sigo pensando lo mismo, el balonmano femenino me enseñó que siempre hay más soluciones que la aparantemente evidente y que, con respeto y haciendo las cosas bien, la gente se entiende, que a veces, pues en el masculino se trasgrede un poquito más, o hay una cultura más establecida de gritar. Esto es lo que nos ha llevado a nosotros lejos. Que además de que he tenido un gran grupo de jugadores pues te puedes sentar con alguien, o colectivamente, decirnos las cosas que pensamos de manera tranquila y, a partir de ahí, construir. Creo que hay mucho respeto y yo eso lo aprendí, no sé si por el balonmano femenino o no, pero fue con Isma Martínez. Me enseñó a gestionar los temas desde este punto de vista. Yo creo que vamos hacia un deporte en que los liderazgos en los vestuarios son compartidos del cuerpo técnico y los jugadores y que el diálogo es cada día más importante. No solo en el balonmano, también en el resto.
Su segundo, Manu Etayo, también llegó desde el balonmano femenino.
Sí, el suyo es un nombre en letras doradas en el balonmano femenino, la verdad. Más ayuda que Manu, imposible. Me ha dado la experiencia, y claro, también coincidimos mucho en esa forma de resolver las cosas y decir bueno, esto puede funcionar así. La verdad es que los jugadores también están muy agradecidos, por hacer las cosas tan bien, por una manera distinta. Ellos siempre me dicen: “Es que tú eres un entrenador distinto”. Creo que la forma de hacer las cosas solo es esta, con respeto, educación, y con eso se consigue mucho más.
Un entrenador distinto que les ha llevado a Asobal, una categoría exigente.
Deportivamente, el cambio es muy grande. Es cierto que en la División de Plata cada partido es a cara de perro. Tú puedes ganar o perder contra cualquiera y es una locura. El que siga la masculina un poco lo sabe. En Asobal la gente se hace muy fuerte en su casa. Nosotros tenemos que intentar conseguir eso, que cada partido, ya desde el principio, sea como si fuera el último. Ir con ilusión pero generar esa consciencia o esa responsabilidad de que nos estamos jugando todos los días las castañas y que no podemos permitirnos relajarnos, como otros equipos con más presupuesto o más tiempo en la categoría. Nosotros tenemos que compensar un poco eso con trabajo, ilusión y responsabilidad.
Y, a nivel personal, ¿cómo lo vive? Además, se da la casualidad de que habrá dos entrenadores vigueses en la élite.
Sí, y los dos en dos equipos de la comunidad valenciana. Roi Sánchez en Alicante y yo en Puerto Sagunto. Es una cosa curiosa. De hecho, estábamos hablando el otro día de cuadrar un amistoso de pretemporada y fue cuando nos dimos cuenta de que estamos los dos en el otro extremo del país. En Galicia hay un buen nivel de balonmano y al final los entrenadores hacemos nuestros ‘Erasmus’ y pinitos fuera de casa. Y bueno, tanto a Roi como a mi nos está yendo bien.
La temporada 2026-2027 de la Liga Asobal tendrá acento gallego, y no solo por la presencia del Balonmán Cangas, sino porque hasta cuatro entrenadores gallegos dirigirán equipos en la máxima categoría nacional.
Dos de ellos son de Vigo. Roi Sánchez, en el Alicante, y Mallo, que se estrenará con el Puerto de Sagunto. Además, la provincia cuenta con uno más: Quique Domínguez, el técnico del conjunto de O Morrazo, es de Pontevedra. La representación gallega la cierra Antonio Rama, del Granollers, y que nació en A Coruña.
La curiosidad es que hay otra localidad representada dos veces: Navas de la Asunción, en Segovia, con menos de 3.000 habitantes. De allí son el entrenador del equipo local, Carlos Villagrán, y el del Logroño, Miguel Ángel Velasco.
Después, la procedencia de los técnicos se reparte por el resto de la Península Ibérica. Península, porque no hay ninguno canario o balear. Andalucía, Madrid, Asturias, Valladolid, León, Santander, Cataluña y Castilla la Mancha son sus comunidades de nacimiento en una temporada en la que no hay ningún técnico extranjero en los banquillos de Asobal.
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