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Hace unos meses que Rubén Blanco tomó la decisión de entrar en el Porriño Industrial para encabezar un proyecto de crecimiento para el club, tanto a nivel deportivo como social. Por el camino, se ha conformado una junta presidida por Iago Domínguez, con gente de fútbol como los exjugadores Borja Domínguez o Jonathan Vila, además del propio portero del Marsella, que ejercerá de vicepresidente. El nuevo equipo directivo se presentará en la próxima asamblea, que será antes de que acabe el año.
La hoja de ruta es clara. El primer paso es conseguir una estabilidad económica e institucional para el club. Y para lograrla, la entidad recibió un espaldarazo muy importante la semana pasada con la confirmación del cambio del césped natural del campo grande de Lourambal por uno sintético de última generación. El periodo de licitación está abierto hasta el 25 de noviembre, por lo que, si todo va bien, la contratación se hará en diciembre y las obras podrían comenzar en enero. En todo caso, la entidad está mentalizada de no poder contar con el terreno de juego hasta la próxima pretemporada.
De esta forma, la institución louriñesa pasará de tener un campo que solo usaba el primer equipo para competir cada 15 días y para algún entrenamiento puntual, a disponer de un espacio para acoger a los 24 conjuntos y casi 400 futbolistas de la entidad, que en la actualidad tenían que entrenar en otros recintos de la localidad. El proyecto de Rubén nace con una clara vocación de responsabilidad social y con un mensaje claro: que ningún niño o niña que quiera jugar en el Porriño Industrial, se quede fuera por falta de espacio. La cantera es la base de este viaje. Por eso, la idea es recuperar el estatus de club de formación predominante en el sur de la provincia que tenía hace unos cuantos años.
A partir de ahí, viene todo lo demás. Un crecimiento de abajo a arriba, que implica también ampliar las licencias femeninas y crear algún equipo de categorías inferiores, además de conservar el sénior. Para el primer conjunto masculino, el plan es alcanzar la Tercera Federación -marcha octavo en Preferente- y estabilizarse ahí, sin renunciar a la posibilidad de optar al ascenso a Segunda Federación en un año bueno.
Todo esto, sin prisa alguna. Rubén y sus compañeros de directiva tienen claro que quieren ir poco a poco, creciendo año a año y dando tanto o más protagonismo al aspecto social que al deportivo. El portero excéltico, que ya hace muchos años que colabora con el Balonmán Porriño, está totalmente implicado y sigue todos los pasos desde Marsella. Entiende que ayudar al deporte local es devolver una parte de todo lo que le ha dado el fútbol.
Rubén Blanco cumplió 30 años en julio, por lo que aún le restan unas cuantas temporadas en la élite. Sin embargo, cuando el profesionalismo termine, tiene claro que se quiere retirar en el Porriño Industrial.
Por el momento, el guardameta mosense transista por su último año de contrato en Marsella. Una vez finalice su relación contractual con el club francés, a Rubén le apetece continuar conociendo el fútbol en el extranjero y se muestra abierto a seguir con su carrera fuera de España, siempre y cuando no aparezca una oferta irrechazable.
Ya se sabe que los designios balompédicos son inescrutables. Pero lo que sí tiene claro el mosense es que quiere disputar su última temporada como futbolista en el club del que es vicepresidente. Otra muesta de su implicación con el Porriño.
De cristalizar esta voluntad, Rubén seguirá los pasos de Claudio Giráldez. El entrenador del Celta se retiró en el equipo de su pueblo en la campaña 2018/19.
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