Esgrima
Un presente con mucho futuro
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Las hermanas Dorelle, Marta (17 años) y Nerea (14), llegaron al mundo del esgrima casi de rebote. Cuando Marta, la mayor, tenía 6 años le detectaron un problema en el tendón de Aquiles que necesitaba estiramientos para mejorar. Su madre, Cristina Rodríguez, preguntó al médico que las atendía qué deportes le podrían venir bien para su recuperación y sobre esa recomendación eligieron cuando se abrió la convocatoria de las Escuelas Deportivas del Concello de Vigo. De eso hace 10 años. En aquel momento, El Olivo entrenaba en el pabellón de Coia y hasta allí se acercaron para que probase.
Cuando cogió el florete por primera vez aquella sensación le gustó y Manuel Mariño hizo lo que hace siempre en las jornadas de puertas abiertas: darles oportunidades. No es que viese algo especial como en las películas, es algo más sencillo y complicado a la vez, dejar que todos se acerquen al deporte, que descubran si están cómodos, que se acaben enamorando de la disciplina.
A partir de aquel primer día, muchos más entrenamientos. Primero en Coia, después ya en la ETEA. Y una familia volcada en apoyarlas. “Todos los años pregunto a principio de curso: ¿seguimos? ¿Sois felices? Y siempre dicen que sí”, reconoce Cristina Alonso, la madre de las esgrimistas. A ella le toca el papel de taxista, sabiendo que, al menos, siempre están juntas, “si no esto sería imposible. Nerea dice que es por no dejar sola a Marta. Ella siempre me acompañaba a traer a Marta y cuando pudo empezar, no lo dudó. Después, la verdad es que se la llevan siempre con categorías superiores. Ella va casi de rebote, pero el trabajo está y eso se nota en las competiciones. Su gran ventaja es que como son mayores, no tiene presión. Todo lo que consiga es un premio”, explica su madre.
Y es que en el último Campeonato de Europa en categoría cadete, disputado en Georgia, fue Nerea, la menor, la que alcanzó una mejor posición. Terminó octava tras superar la ronda de dieciseisavos al vencer por 15-8 a la turca Kufeciler. Finalmente acabó cayendo por 15-8 contra la letona Abele, a las puertas de la medalla.
Para ellas ese primer viaje a una competición continental fue toda una experiencia. “Yo no iba con mucha presión, porque el campeonato era como varias categorías por encima de la mía, así que fue impresionante llegar allí, a Georgia”, asegura Nerea. Su madre quita hierro al asunto, “para estar arriba tienen que perder todavía muchas veces”, pero Manuel Mariño, que las entrena día a día, quiere poner en valor su presencia en la lucha por el título continental. “No son estrellas, todavía tienen mucho que seguir trabajando. Pero, ¿cuántas niñas de 14 años han competido a nivel europeo? En eso sí que lo son. Pero, es verdad, para estar arriba hay que caer muchas veces”, confirma.
Lo que tienen claro es que los estudios “van primero”, contestan a dúo. El ejemplo lo tienen en su club. En la pared del pabellón de la ETEA están las fotos de tiradores del equipo... Mariño presume con orgullo de que de todos los que están allí, tan solo uno no es universitario. Y por decisión propia, no porque le fuesen mal los estudios. “Hay hasta tres ingenieros entre ellos”, recuerda. Las hermanas Dorelle, que acaban de terminar 1º de Bachilleraro y 2º de la ESO respectivamente, todavía no tienen claro su futuro, pero sí su compromiso. “Nunca han faltado a un entrenamiento por estudiar, pero porque se exigen mucho ellas mismas. Son muy organizadas y se han puesto un listón muy alto”, reconoce su madre. Quizás es que han crecido viendo a María Mariño y a Judith Rodríguez, deportistas de alto nivel y que han continuado su formación. “Es complicado a veces, pero si quieres puedes con las dos cosas. Ellas lo hacen”, asegura Marta. Cristina Rodríguez ha visto muchas niñas que lo han dejado, “aquí las chicas siguen, pero las que les gusta de verdad, porque hay muchas que se han quedado por el camino”, reconoce.
En su futuro... Muchos campeonatos, gallegos, nacionales, europeos... En su horizonte “lo más alto, hasta donde podamos llegar”, confían. “Los Juegos Olímpicos... ¿Porqué no?”, bromean. Solo el tiempo tiene la respuesta.
Las tiradoras viguesas tiene un referente muy claro, María Mariño, reciente bronce europeo en florete, la primera medalla para España en ese arma a nivel individual. Haber conseguido ese tercer puesto es importante, pero saber que hay otras esgrimistas que vienen detrás “es una de las mejores cosas”, reconoce la esgrimista del club El Olivo, donde también entrenan las hermanas Dorelle. “A mí me tocó empezar prácticamente sin ninguna estructura. El florete femenino no tenía equipo, no formaba parte de los entrenamientos con los equipos nacionales, no había una estructura, entonces, eso, hace que todo se alargue mucho más, que los tiempos sean más amplios, en definitiva, que sea un poquito más difícil. Una de las cosas que más ilusión me hace de lo que hemos ido consiguiendo es que ahora para niñas como Marta y Nerea sí hay una estructura, sí hay un proyecto. Hay un camino marcado, saben que las cosas pueden llegar”, afirma Mariño. Ella las conoce, entrenan juntas y no tiene más que buenas palabras: “Son niñas con talento, que están trabajando bien, ya han conseguido en sus categorías resultados importantes". Lo mejor, "sentir que dejas algo a las que vienen detrás”.
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