Paladas para salvar vidas
Usuarios del programa Aférrate de Alborada reman todas las semanas en el barco del dragón del Piragüismo Olívico
Un vistoso barco, con cabeza y cola de dragón, surca todos los jueves por la mañana las aguas de la dársena de Bouzas. Se trata de una embarcación conocida como ‘Dragon Boat’ -por su diseño- que es un DB12, es decir lleva una tripulación de 12 participantes: 10 palistas sentados, dos por bancada, el tambor que guía la proa y el timonel en la popa.
Lo que hace peculiar a este barco, más allá de lo llamativo, son los integrantes. Y es que, bajo la atenta mirada de Jose Ángel Besada, presidente del Club Piragüismo Olívico, quienes reman son los educadores y los usuarios del programa Aférrate de la Asociación Alborada de prevención de conductas suicidas.
“La secretaria del club conocía el proyecto y me dijo un día que si podían venir a probar. Luego decidimos hacer labor social con el tema del dragón… Y ya llevamos dos años, como quien dice, con ellos todos los jueves”, reconoce Besada. La exigencia del remo no es alta, pero los beneficios sí: deporte, contacto con la naturaleza, compromiso, compañerismo… Son muchos para los usuarios de Aférrate que, semana a semana, comparten entrenamientos y salida al mar con la gente del club. El presidente de la entidad, siempre en el timón del barco, y algún otro miembro del Olívico desde la lancha de apoyo. Llueva o truene, el barco del Dragón hace su recorrido por la dársena.
“Salimos siempre, no hay pereza. Eso Jose nos lo inculca mucho, no hay que tenerle miedo al viento ni a la lluvia. Luchamos contracorriente con el mismo fin, que es que el barco se mueva y todos juntos consigamos ese objetivo, que es salir, remar y pasar un buen rato. El eje vertebrador de Aférrate es la naturaleza y esta es una actividad más, al aire libre y deportiva al mismo tiempo”, explica Inés Sancho, coordinadora del programa. “Todos sabemos que para la salud mental el deporte ayuda mucho, porque liberas endorfinas, dopamina, y todo eso hace que las personas mejoren su estado de ánimo. Y la verdad es que cuando subimos a la embarcación, vamos con una cara pero cuando salimos de ella, ya tenemos otra. El estado de ánimo siempre mejora”, asegura Sancho en primera persona. Parte del proyecto es que también los educadores participen. “Nos mezclamos siempre con ellos. Los profesionales hacen las actividades conjuntamente con los usuarios. Hay que dar ejemplo, hay que meterse con ellos y compartir esa terapia que se hace de manera transversal", reconoce.
El programa cuenta con varios educadores sociales, la propia Inés y Lois García, y una trabajadora social, Mar Álvarez, que acompañan a los usuarios en el barco. En algunas ocasiones, además, participan voluntarios del Concello. Siempre son necesarias manos para que el barco avance. Y ese pequeño detalle, que todos sean necesarios, es una de las claves.
Juan es una de las personas a las que ayuda el programa: "La experiencia es muy favorable por varias razones. La primera es que te obliga a levantarte de cama todos los jueves para estar aquí. Tienes un compromiso con los compañeros para no dejarlos tirados: en el barco hacemos falta todos, sino no avanza. A mí me ha ayudado en todos los aspectos, desde el físico al anímico. Es una ilusión por hacer algo, salir de casa, que es lo más complicado". Parecidas son las sensaciones de Bruno, en silla de ruedas, para quien han adaptado el banco. “Estoy muy agradecido porque desde que estoy aquí veo que soy capaz de hacer más cosas de las que creo”.
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