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El Mundial de la madurez
voleibol
Tan joven para unas cosas, tan mayor para otras. Incluso para la misma. Porque, con solo 15 años, Jorge Soto disfrutó el pasado sábado de su primera titularidad en Superliga 2 después de participar desde el banquillo en varios partidos del Club Vigo. Una precocidad asombrosa, que se torna increíble cuando se repara en que este cadete apenas suma tres años y medio de voleibol. Una reducidísima experiencia que empezó a fraguarse cuando llegó a Coia en edad infantil. Teóricamente algo después de lo recomendable. Pero, a la vista está, nunca es tarde su la dicha es buena y este adolescente vigués se ha enamorado de un deporte que disparó sus vivencias. Incluida una plata en el Europeo sub-16 del último verano.
“A los dos meses de empezar a jugar, me llamó la selección gallega; estaba súper nervioso porque no sabía ni darle a la bola y estaba con 13 chavales que hacían barbaridades”
“Pasó todo muy rápido”, indica Jorge con una soltura sorprendente para un estudiante de 4º de ESO. Solo unos minutos de charla con él sirven para comprobar que crece a toda velocidad. En la pista, claro. Pero también fuera de ella. Y, por supuesto, en lo literal. A dos meses de cumplir los 16 años, mide 1.95. “Siempre he sido muy alto y eso me ayuda un montón”, confiesa. Quizá por eso, el baloncesto fue su primer deporte. La cosa no cuajó y lo dejó a los 8 años. Pero en casa, el deporte es imprescindible. Tras probar fútbol o pádel, el voleibol se cruzó en su camino. Pero descalzo, sobre la arena y bajo el sol. “Mi hermana tenía una amiga que jugaba y un verano se metió en voley playa. Por hacer algo, yo también fui. Me gustó”, recuerda. Luego llegó el invierno y el Club Vigo. “Fui a probar y hasta hoy”, apostilla.
En este breve, pero intenso camino, los acontecimientos se sucedieron. “El que más me marcó fue la selección gallega”, confiesa. Seguramente, porque lo llamaron cuando apenas llevaba dos meses jugando. “Fue muy repentino”, apunta, mientras se ríe al recordar esos momentos. “Estaba súper nervioso porque no sabía ni darle a la bola y compartía equipo con 13 chavales que hacían barbaridades”, desvela. Ya en su segundo año recibió la primera llamada de la selección española. El cohete ya había despegado. Así hasta proclamarse subcampeón de Europa sub-16 el verano pasado, debutar en Superliga 2 y, finalmente, alcanzar la titularidad.
Debido a su gran altura y a su poderosa envergadura, el puesto de central le fue como anillo al dedo a Jorge Soto. “Ha jugado en distintos puestos, incluso en categorías inferiores de la selección, pero donde tiene el talento es en el centro”, indica su entrenador, Diego Taboada. Su pupilo recoge el guante, feliz de su rol en la pista. “Me gusta mucho jugar de central”, enfatiza. “Es una posición que muchas veces la gente ignora un poco, pero es muy importante”, reivindica el canterano del Club Vigo, con las cosas claras a pesar de sus 15 años. “Es uno de los puestos que más demanda físicamente, por eso me ayuda mucho mi condición”, explica.
El joven Soto comparte demarcación con el también joven -aunque no tanto- Pau Delós. El gerundense, de 21 años, es toda una referencia. Un espejo en el que mirarse. “Para mí, es el mejor central de la Liga”, subraya sin dudar Jorge. “Es buenísimo”, añade. Por eso, compartir vestuario, entrenamientos y partidos con el catalán, es como un clínic diario para el vigués. “Me da muy buenos consejos. El otro día en el partido estuvo muy encima de mí, diciéndome dónde moverme y demás. Me ayuda un montón”, remarca.
Aunque, para Jorge, tiene más de simbólico que otra cosa. “Salir de cara o desde el banquillo tampoco cambia demasiado. El equipo es el mismo”, subraya con una mezcla de humildad y de inconsciencia. “Fue todo bastante normal. Estoy acostumbrado al pabellón y a la gente. Presión había, pero no fue nada del otro mundo”, añade con tranquilidad. Además, el Club Vigo ganó en sets corridos al Gupane Guía para redondear la fiesta.
Una fiesta que acaba de empezar para Jorge Soto, consciente de que el trabajo es el camino: “Mi plan es seguir en Vigo y mejorar en todo lo que pueda”. Para ello, cuenta con el mejor mentor: un Diego Taboada que lo entrena en Coia y en la sub-16. “Me influye mucho. Me ayuda un montón”, concluye la joya del Club Vigo, en meteórico florecimiento.
Si alguien está acostumbrado a pulir joyas es Diego Taboada. El entrenador del Club Vigo acumula una amplísima experiencia como técnico formativo en el Emevé lucense y en la Federación Española. De hecho, es el seleccionador sub-16. Junto a Jorge Soto y el resto del equipo, conquistó la plata en el Europeo de la categoría el pasado verano. Por eso, sabe bien lo que tiene entre manos con su prometedor pupilo. “Es un jugador destinado a competir en la élite”, comenta con toda tranquilidad.
Eso no es vender humo ni lanzar las campanas al vuelo. Al contrario. El técnico lucense advierte de que hay “mil variables” en el camino para que su predicción se cumpla. “Pero, si no trabajas como el mejor, es imposible llegar”, apostilla, dejando claro que, pese a tener solo 15 años, sus minutos en Superliga 2 no son regalados. “De momento, ha cumplido con todo lo que le he pedido”, asegura.
“Es un chico responsable y muy competitivo, conjunción importante para jugar con gente mucho más mayor”
No ha debido ser fácil para el adolescente. Tres años y medio de progresión supersónica amparados en grandes dosis de esfuerzo. “El talento es complicado es de gestionar”, explica Taboada, que incide en la elevada carga técnica que tiene el voleibol. “Eso implica mucho tiempo de repetición. Por eso, los buenos jugadores son los de cierta edad”, explica el lucense, mientras desvela la importancia del entrenamiento de fuerza. “Es un trabajo lento, que se manifiesta con el tiempo. Ha mejorado mucho a partir de él”, destaca.
Por eso, Taboada se muestra orgulloso de su aprendiz más joven en Coia. “Es un chico responsable y muy competitivo. La conjunción de estas dos cosas es importante para poder jugar con compañeros mucho más mayores”, reflexiona el técnico, que valora lo buen estudiante que es Jorge. Seguramente por eso, su evolución en la pista es fulgurante. También por su humildad. “Acepta bien la crítica. Al menos, la mía. Siempre le meto bastante caña y le digo siempre la verdad. Y eso no siempre es fácil de escuchar”, concluye el joyero lucense del Club Vigo.
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