Martina Sande, la costumbre de brillar

TENIS DE MESA ADAPTADO

La viguesa Martina Sande hace historia con 18 años convirtiéndose en la primera mujer que consigue ganar un Campeonato de España y ante un trece veces campeón

Martina Sande disputa un partido con la selección en el Open Internacional de Platja d'Aro, en Girona.
Martina Sande disputa un partido con la selección en el Open Internacional de Platja d'Aro, en Girona.

A veces uno hace historia sin ser plenamente consciente de ello. Hay deportistas que afrontan los grandes logros con una naturalidad impropia de su edad, como si romper barreras fuera solo un paso más en el camino. De todo eso, sabe y mucho, Martina Sande. La jugadora viguesa del Club Tenis de Mesa Mos se convirtió el 28 de junio, y con la mayoría de edad recién cumplida, en la primera mujer de la historia en proclamarse campeona de España de tenis de mesa adaptado en silla de ruedas. Lo hizo, además, derrotando en la final a Francisco Javier López, 13 veces campeón de España y paralímpico, un triunfo que confirma la meteórica progresión de una deportista que hace apenas cuatro años descubrió este deporte.

La joven atleta, de tan solo 18 años, acaba de terminar Bachillerato y afronta sus primeros grandes éxitos con una naturalidad pasmosa. "Lo considero como un dato", reconoce al ser preguntada por el hecho de haberse convertido en la primera mujer que consigue este hito. Para ella, el verdadero objetivo siempre fue conquistar el título, no hacer historia. Sin embargo, si hay algo que destaca de ese logro es que ojalá "otras mujeres lo hubiesen conseguido antes, porque significaría que habría más mujeres practicando este deporte".

Martina en lo alto del podio.
Martina en lo alto del podio.

Detrás de ese éxito no hay una historia de casualidades, sino de constancia. Martina nació con artrogriposis múltiple congénita, una enfermedad que afecta a la movilidad de las articulaciones y que hizo del deporte una herramienta de rehabilitación desde que era una niña. Primero llegó la natación, donde fue dos veces subcampeona de España con apenas 11 y 12 años. Después, el baloncesto en silla de ruedas, disciplina en la que llegó a participar en una concentración de tecnificación con la selección española. Sin embargo, el dolor y la falta de retos terminaron alejándola: "La natación siempre fue una forma de rehabilitación, pero yo necesitaba competir". Fue entonces cuando recordó aquellas partidas improvisadas de tenis de mesa con su padre durante unas vacaciones y decidió probar suerte.

Aquel primer entrenamiento bastó para convencer a su entrenador, Samuel Pereiro, de que estaba ante un talento poco común. "Lo que le enseñas a un niño en un mes, ella lo aprendió en un día", recuerda. Para el técnico, aquella rápida adaptación no fue casualidad. "Todos los deportistas que llegan a un gran nivel en un deporte suelen hacerlo en otros. Al final es coordinación, dedicación, capacidad para escuchar y muchas ganas de aprender", sostiene.

Desde entonces, Martina ha compaginado los estudios con una rutina de entrenamientos casi diaria. Recién terminados los exámenes de Bachillerato, las tardes transcurrían entre el colegio, los apuntes y los desplazamientos hasta Mos. "Si podía ir los seis días de la semana a entrenar, iba todos", cuenta. Una dedicación que explica una progresión tan rápida como poco habitual y que ya la ha llevado a debutar con la selección española y a situarse entre las grandes promesas del tenis de mesa adaptado.

Samuel Pereiro, entrenador de Martina, dándole instrucciones.
Samuel Pereiro, entrenador de Martina, dándole instrucciones.

Samuel Pereiro es, junto a su familia, una de las personas que más tiempo pasa con Martina. Entrenador, confidente y compañero de innumerables horas, conoce como pocos a la viguesa. Cuando se le pide que la defina, apenas necesita dos palabras: "Cabezona y luchadora". Dos rasgos que, a su juicio, explican buena parte de la deportista y persona en la que se está convirtiendo. Pero si hay algo que Pereiro ha tratado de inculcarle es una forma muy concreta de entender la competición. "Siempre pies en el suelo. No hay que darle más mérito al triunfo por simplemente ser una medalla, sino por los rivales a los que has sido capaz de ganar", explica.

Con apenas 18 años, Martina ya ha alcanzado un hito que ninguna otra mujer había conseguido antes. Sin embargo, ni ella ni su entrenador entienden el campeonato como una meta, sino como un paso más. "El sueño constante, y que siempre va a estar ahí, es ir a unos Juegos Paralímpicos", reconoce la viguesa. Un objetivo que comparte su entrenador, pero con una ambición aún mayor: "Nuestro objetivo es llevarnos una medalla de Los Ángeles". La cita paralímpica aparece ya en el horizonte de ambos. Para una, como el sueño que persigue desde que empezó a competir, y para el otro, como la confirmación de que aquel primer entrenamiento en el que descubrió un talento especial no era cosa del azar. Cuatro años después de coger una pala casi por curiosidad, Martina Sande ya ha demostrado que los límites están para volver a ser superados.

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