Jonatan Giráldez: “La irrupción de As Celtas hizo que muchas niñas quieran jugar al fútbol”
“Nuestra final la vieron por televisión el triple de personas que la de los hombres y en nuestro estadio metemos 20.000”, dice el entrenador vigués del Washington Spirit estadounidense
Jonatan Giráldez (Vigo, 1991) decidió dejar su ciudad con 20 años para iniciar una aventura en Barcelona que concluyó con todos los títulos en el bolsillo, pero que transcurrió con numerosos obstáculos a superar. Por eso, aunque tuviera dificultad, apostó por dejar el mejor equipo del mundo para iniciar una nueva aventura en otro continente. Al frente del Washington Spirit logró el subcampeonato en Estados Unidos. En 2025 quiere más. Pero antes de afrontarlo disfrutó de sus vacaciones navideñas en casa y sacó tiempo para dar un paseo con Atlántico en el Halo.
¿Es más especial aún volver a casa desde el otro lado del charco?
Me hacía mucha ilusión volver. Es la primera vez en 14 años que podemos pasar todas las Navidades en casa. El tipo de calendario de Estados Unidos nos daba la opción de venir y qué época del año hay mejor que ésta para pasarla con nuestras familias.
¿La realidad del fútbol en Estados Unidos es como se la esperaba?
Es muy difícil anticipar lo que te vas a encontrar. Es un país donde hablan un idioma diferente, el concepto de Liga y de show es muy distinto. Lo que sí es igual es que es el mismo deporte, las mismas normas, el mismo número de jugadoras...
Entonces, ¿las diferencias están fuera del terreno de juego?
Sí. Allí, por ejemplo, las previas se hacen dentro del estadio. La gente va en familia y hay atracciones pensadas para que puedan disfrutar antes de los partidos. Intentan que las personas pasen el mayor tiempo posible en el estadio. En los descansos hay espectáculos, antes del encuentro suena el himno y tiran fuegos artificiales... Le dan mucha importancia a todo lo que ocurre alrededor del partido. Y no solo en el fútbol. Pude ir a ver a los Wizards de la NBA y llegas dos horas antes al pabellón. Y te lo pasas muy bien.
¿La cultura futbolística de deportistas y cuerpos técnicos también es diferente?
Es un concepto distinto. El objetivo que tienen en el juego es encontrar a las jugadoras que más diferencias marcan lo antes posible. Bajo mi experiencia en el Barça y también pensando en los equipos contra los que jugábamos, diría que el fútbol europeo está orientado a lo que el equipo necesita. No hay una dependencia de una, dos, tres jugadoras. La dependencia es el grupo. Hay que hacer ese cambio de prisma para que entiendan que todas tienen que pensar por y para el equipo, entrenar, y exigirse. Que nadie empieza como titular.
¿Es extrapolable a la sociedad? ¿Piensan más individualmente?
Probablemente sí. Pero tengo que decir que estamos encantados con la vida en general y con cómo nos han acogido. Ya no solo en el trabajo, que también. La bienvenida fue muy cálida en el club. Tú piensa que cuando viene un entrenador extranjero siempre se le puede ver como una amenaza y no tuvimos esa sensación. En absoluto. Lo que encontramos fue un cuerpo técnico muy cercano y muy alineado con la idea de juego y la metodología de entrenamiento que queremos implementar. Y fuera de ahí también muy bien. La primera semana, uno de los vecinos vino a casa a presentarse y nos trajo un pastel como regalo de bienvenida.
Como en las películas.
Exactamente igual. Por eso, al menos con nuestra experiencia en estos seis meses, te diría que la adaptación y el recibimiento de la gente han sido fabulosos.
¿Y la ciudad?
Es muy verde, con muchas cosas que hacer y con mucha historia. El 90% de los museos son gratis y los hay de todo tipo. Otra cosa que me llamó la atención es que paseando, te encuentras un campo de fútbol para poder usarlo. La sociedad está muy enfocada hacia el deporte. Pistas de baloncesto, campos de fútbol americano, de béisbol... La gente tiene de todo a su alcance para que pueda empaparse de deporte.
Uno de los cambios más claros es el formato. Se juega de marzo a noviembre y todo se decide en un play-off. ¿Cómo lo asimiló?
Ha sido una experiencia bárbara. Acabé en el Barça después de hacer la mejor temporada de la historia del club con cuatro títulos y a la semana siguiente aterricé en Estados Unidos, con la temporada lanzada. No era como llegar a una pretemporada, donde tienes la posiblidad de construir. Fue ponerse a competir desde el día 1. Y ha sido apasionante. El sentir de la Liga y de las jugadoras es que el play-off tiene una importancia enorme. En la parte final de la temporada, dan descanso a jugadoras. Es una concepción diferente. Aun así, mi manera de pensar sigue siendo intentar acabar lo más arriba posible en la Liga. Yo considero que el que gana la 'regular season', que también dan un trofeo por ello, es el que ha sido mejor equipo. Después toca tomarse esos play-offs como un segundo reto, otro título que te juegas a tres partidos.
Aquí, las mujeres pelean para equiparase con los hombres. En Estados Unidos, su competición es superior en seguimiento. ¿Es correcto?
A mí no me gusta comparar, pero sí que es cierto que nuestra final la vieron el triple de personas que la de los hombres. También, probablemente, porque hay muchísima variedad de deportes masculinos. El fútbol americano, la NBA, el béisbol, el hockey sobre hielo... Hay mucho donde elegir. A nivel femenino, el fútbol es el deporte rey.
Cualquier amante del fútbol conoce el modelo Barça. ¿Cómo es instaurarlo fuera y con la temporada lanzada?
Un reto. Aquí tienes dos opciones: pensar a largo plazo o a corto. Yo opté por ambas.
¿Y cómo se ve a los dos lados a la vez?
El otro día estuve en una charla de entrenadores en Nigrán. Y el primer mensaje que quise lanzar fue sobre el modelo de juego que estoy implementando en Estados Unidos, que es exactamente el mismo que el que usaba en Barcelona. Mi objetivo como entrenador es explotar las virtudes de mis jugadoras y, a partir de ahí, intentar ganar partidos. Probablemente, el nivel técnico que tenía en el Barça era muchísimo más alto que el que tengo en Estados Unidos, pero aun así, mantengo la misma comunicación no verbal mediante el pase y la información que se traslada con él. No es lo mismo darlo sobre la pierna derecha que sobre la izquierda, la tensión del envío... Hay una intracomunicación que nos hace diferenciales. Hemos mejorado mucho, pero creo que todavía hay margen para seguir haciéndolo. Y ahora, empezando con una pretemporada y todo lo que implica, creo que va a ser un año fabuloso.
Con la perspectiva del tiempo, ¿fue tan difícil como parece dejar el mejor equipo del mundo?
Sí. No te puedo engañar y es así. Mejor equipo del mundo solo hay uno. Soy plenamente consciente de que habrá miles de entrenadores que querrían estar en esa posición. Pero, siendo egoísta y pensando en mi familia y en mí, siempre he visto el cambio como una oportunidad. Siempre he creído que estar en un contexto en el que ya lo has conseguido todo hace que te estanques. Y con 33 años que tengo, la posibilidad de cambiar de país, de idioma, de perfil de jugadoras, Liga, afición... También por la familia. Darle la posibilidad a Cíes (su hijo) de que aprenda inglés desde pequeño. Yo nunca hablo de salir de la zona de confort, sino de hacerla más grande. No sé cómo nos va a ir a nivel deportivo. Yo creo que bien. Pero, estoy convencido de que cuando haya pasado el tiempo, seré mejor entrenador y me habré desarrollado como persona. Y, de haberme quedado en el Barça, me habría estancado un poquito.
Esto quiere decir que se reafirma en su decisión.¿Feliz?
Sí, mucho. Hemos tenido muy buena acogida en la ciudad y en la afición. La gente es muy cariñosa, amable y agradecida. Hemos metido 20.000 personas en cada partido en casa en el último mes. El campo siempre está lleno. Sientes algo especial. Entrenar y competir está muy bien. A mí me apasiona. Pero cuando puedes compartirlo con tantos miles de personas, es maravilloso. También por cómo hemos competido a final de temporada, ganando los cuartos en la prórroga, empatando la semifinal en el 96… Son muchas emociones y eso hace que te enganches mucho más.
Este subcampeonato es una buena carta de presentación. Pero, ¿qué le pide a 2025?
Que mejoremos como equipo. El fútbol es muy caprichoso y no siempre gana el que más lo merece. Pero sí que creo que si tú elevas tu versión competitiva, vas a estar mucho más cerca al resultado. Quizás peco de tener demasiado optimismo, pero por lo visto y lo conseguido, tengo motivos. Hay que ser ambicioso. Pido un 2025 de muchísimo éxito y, por supuesto, de mucha salud.
La creación de As Celtas ayuda a elevar el número de fichas. ¿Es el principio del camino la élite?
Estamos en el proceso. La Federación Galega ha hecho un buen trabajo y se han creado muchas licencias. Efectivamente, la irrupción de As Celtas ha motivado que haya muchas más niñas que quieran jugar al fútbol. Y en eso consiste. Que instituciones potentes inviertan y den la importancia que tiene al asunto genera un efecto rebote. Ojalá que ese número de licencias permita que haya más Ligas, más categorías y más competitividad porque no es lo mismo que haya 100 niñas que 10.000. Y, obviamente, los éxitos del Barça y de la selección española ayudan para que las niñas se vean reflejadas y que en un futuro, por qué no, puedan ser campeonas de la Champions o campeonas del mundo.
Los reconocimientos siempre sientan bien. Pero imagino que en casa son más especiales.
Somos muy de Vigo. Antes de irnos a Estados Unidos nos compramos un piso aquí, tengo a toda mi familia en Matamá, en Priegue, en Nigrán. Mi mujer también es de aquí. Soy del Celta y quiero mucho a esta ciudad. Tener la opción de venir me da un chute de adrenalina importante. Siempre voy a estar abierto cuando alguien de aquí me llame para hacer una entrevista, dar un premio o para lo que sea. Que haya gente que se acuerde de ti, que te quiera dar promoción, que te quiere ayudar, que se interesa por lo bien o mal que te está yendo es algo muy bonito. Pero se aprecia mucho más aún cuando estás fuera de casa. Y a mí me hace sentir orgulloso.
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