'Física y psicológicamente, fue la ascensión más difícil de mi vida'

SECHU LÓPEZ. Montañero vigués

'Soy tenaz, no me doy la vuelta fácilmente y si veo posibilidades, tiro para delante'.

'Con el cambio climático, cada año es más difícil hacer cumbre en el Himalaya en primavera'

Publicado: 15 may 2012 - 12:48 Actualizado: 10 feb 2014 - 12:44
Sechu, desde Katmandú, no se olvida de los problemas de casa.
Sechu, desde Katmandú, no se olvida de los problemas de casa.

Desde una terraza en Katmandú, por aquello del teléfono satélite, con voz recuperada y convicciones tan firmes como sus sueños. Sechu López está 'contento' por hollar el Annapurna. Y sabe lo que le ha costado.

¿Meditó ya sobre lo que ha conseguido?

Sé lo que hice. No tanto la repercusión que tendrá. En cualquier caso, es un logro importante para el alpinismo gallego, para mi club y para mí personalmente.

Desde aquí se vivió como una cumbre extremadamente complicada.

Fue difícil. Ya sabía que lo era antes de afrontarlo, pero lo fue más porque la montaña se puso especialmente complicada. Toda la temporada en el Himalaya está siendo muy dura, con muchas expediciones que se ven obligadas a dar la vuelta. El cambio climático está dificultando mucho los ascensos.

¿Achaca al cambio climático la meteorología que se han encontrado?

Sí. Cada año está peor. Hablando con los sherpas, que están acostumbrados a estas montañas, te dicen que cada vez es más difícil. La meteo es complicadísima de prever. No es normal que en un campo base de los más bajos del Himalaya esté nevando casi a diario.

En esas circunstancias, ¿hay que ser muy cabezota para empeñarse en subir?

Hay que ser constante y tenaz. No me doy fácilmente la vuelta y si veo que hay posibilidades, tiro para delante.

Desde Vigo, tal vez porque esta vez hubo información diaria, se sintió la expedición como la más peligrosa de las que ha emprendido. ¿Fue así?

Sí, por las avalanchas. Peligro en la montaña siempre hay, pero en este caso era imprevisible porque una avalancha te puede llevar por delante y se acabó. Habitualmente, la forma de evitarlas es moviéndote temprano. Pero en el Annapurna, daba igual que te levantases de madrugada porque había avalanchas a cualquier hora: por la mañana, por la noche… Por mucha precaución que tengas, no estás seguro. Sí es importante estar bien físicamente para realizar los tramos de la forma más rápida posible.

Uno de los momentos decisivos fue cuando en el campo 2, la mayoría de los expedicionarios se volvió y usted y otros ocho decidieron continuar. ¿Fue complicado quedarse?

Quedarse no fue lo difícil. Lo difícil era saber si al día siguiente seríamos capaces de seguir. La idea era que se marchasen los que quisieran y después, hablar entre los que nos quedábamos porque veíamos opciones de seguir. Al final, nos quedamos un grupo de en torno a diez montañeros, que es una cifra buena porque menos gente en una montaña así no merece la pena. Creíamos que se podía intentar. Lo que no teníamos tan claro era si podríamos hacer cumbre porque no sabíamos cómo nos íbamos a encontrar la nieve en la parte alta.

Físicamente, ¿cuál fue el día más complicado?

El de cima. Sabíamos que iba a ser largo, pero en mi caso fue más duro porque tuve problemas para hidratarme. El tubo que sale del depósito se estropeó y me vi obligado a beber a morro. Sólo pude beber un litro en todo el día. Y eso hizo que el esfuerzo físico fuese enorme y que apareciesen las congelaciones.

En situaciones así, ¿no es posible compartir líquido con el resto de montañeros?

No. En esos momentos, todos vamos muy justos de peso y de fuerzas. Si no puedes beber, lo que tienes que hacer es volverte.

Ese tremendo esfuerzo fue la causa, supongo, de que bajase a un ritmo más lento que el resto.

La noche tras la cumbre estaba muy cansado y al día siguiente fue cuando las congelaciones empezaron a molestarme. Al llegar al campo 3, por la luz daba tiempo de seguir hasta el dos, pero empezó a levantarse viento, estaba cansado y al llegar tendría que desenterrar la tienda… No quise arriesgar. En las bajadas es cuando hay más accidentes precisamente por el cansancio acumulado. Por eso, decidí hacerlo con más tiempo.

¿Fue duro ese descenso en solitario?

Por el hecho de ir solo no. Eso sí, al día siguiente, tras pasar por el campo 2, me cogió una tormenta eléctrica con una nevada impresionante, la más fuerte de todos los días que estuvimos allí. La huella se borró y me costó muchísimo llegar al campo 1. Ese día lo pasé mal de verdad. Llegué muy cansado, muy mal. Además, me quedé sin gas porque lo llevaba justo y pensaba en alcanzar ya el campo base, así que no podía hacer agua. Por suerte, desde abajo enviaron dos sherpas que no había pedido, más que nada porque al día siguiente salía el helicóptero y no sabían si llegaría a tiempo.

Se agradecería la ayuda...

Mucho. Estaba mal anímicamente y cansado. El apoyo más importante fue el moral, sentir que no estaba abandonado, que no se habían olvidado de mí. De hecho, después bajé solo porque necesitaba descansar.

¿Fue la expedición más dura que ha realizado?

Sí, tanto física como psicológicamente. Ver cómo mucha gente se daba la vuelta y renunciaba a subir. Presenciar en vivo cómo las avalanchas cogían a gente delante de mí. Al final, salió bien. El balance es que un éxito deportivo y las cosas malas se olvidan.n

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