Donde nadie te sigue ni te comprende

Desde que empiezas a vivir con las montañas, desde que comienzas a recorrerlas y a sentirlas tu destino está escrito: los 8.000 metros'.

santi alonso. vigo deportesad@atlantico.net
Publicado: 28 jul 2013 - 01:07 Actualizado: 10 feb 2014 - 12:27
Comenzó a hacer escalada con 15 años. Un ochomil era su 'destino'.
Comenzó a hacer escalada con 15 años. Un ochomil era su 'destino'.

Desde que empiezas a vivir con las montañas, desde que comienzas a recorrerlas y a sentirlas tu destino está escrito: los 8.000 metros'. Son palabras de Abel Alonso (Vigo, 8 de agosto de 1973), el montañero vigués de nacimiento y pontevedrés de adopción que persiguiendo la vida, apurándola, encontró la muerte a principios de esta semana en el Gasherbrum-I, una de las catorce cimas por encima de los 8.000 metros situada en la cordillera del Karakórum, en la parte pakistaní del Himalaya.

Practicante del deporte menos competitivo con los demás y más competitivo con uno mismo desde pequeño, por raíces familiares y por sana identificación con la naturaleza. Y, por lo que rezuman los sentidos mensajes y las palabras entrecortadas de quienes lo conocían, de esas personas de las que sólo su presencia era mejor de lo que ahora es su recuerdo.

Este polifacético y vitalista deportista hacía suyas al presentar su proyecto en los Gasherbrum las palabras del primer hombre en ascender los 14 ochomiles del planeta, Reinhold Messner: 'El verdadero arte de la escalada es el de la supervivencia y la dificultad, que consiste en querer siempre ir más allá de lo que dominamos. Aventurarse allí donde nadie estuvo antes, allí donde nadie te sigue ni te comprende. Lejos de los caminos conocidos es donde los sentimientos y las experiencias resultan más intensos'.

Abel Alonso heredó de sus padres el gusto por la naturaleza y la montaña, con el club Peña Trevinca como cauce. Pero desde muy niño su inquietud le llevó a practicar otros deportes como el taekwondo. Dentro del gimnasio Budo Castrelos, el futuro Deportista Galego de Alto Nivel pasó más de dos lustros compitiendo a gran nivel, proclamándose hasta en cuatro ocasiones campeón gallego en su peso (50 y 54 kilos). La selección gallega le sirvió, además, para viajar fuera de España y descubrir su pasión por los viajes.

Como consecuencia de su natural propensión a la actividad física, la mayoría de edad le llevó a estudiar fisioterapia en A Coruña y su trayectoria profesional acabó por hacerle residir en Pontevedra. En el servicio de fisioterapia del Centro Hospitalario Montecelo ejercía desde hace años y también dedicó su sabiduría como fisioterapueta a las selecciones gallegas de taekwondo un puñado de años, hasta que su incansable búsqueda de nuevo retos convirtió en imposible esta última dedicación.

En los últimos años, se dejó tentar por el triatlón, en cuya federación también tenía ficha. El Motobike pontevedrés le dio la cobertura necesaria como club para tomar parte, a nivel popular, en numerosas pruebas.

Son sólo algunos rasgos de la vida de Abel Alonso que explican que la inquietud por desaparición, primero, y la consternación por su muerte, después, hayan ido más allá del mundo del montañismo.

Desde que se conoció su fallecimiento, su blog personal (Historias de montaña) se ha llenado de mensajes de apoyo. Entre ellos, varios pacientes en el Montecelo que deben su recuperación, según explican, no sólo a sus tenaces manos sino a su contagioso buen talante. Sirva uno de ellos como ejemplo: 'Gracias por todo, por ponerme a caminar y por ser mi amigo. Ya nunca podré volver a sentarme en esa sala de rehabilitación con esos ánimos de luchar para avanzar ya que me va a faltar quien más me animaba a ello'.

El Colegio Oficial de Fisioterapeutas de Galicia también se sumó al dolor a través de su presidente, José Luis Aristín: 'Un fuerte abrazo y nuestras condolencias a su familia. Abel seguirá siempre en el recuerdo de este colectivo'. Y sus compañeros en el servicio de fisioterapia del Montecelo tratan de asimilar la triste noticia.

En el ánimo de todos, la tristeza por un desenlace que lleva a preguntarse a mucha gente qué mueve a los montañeros a buscar el reto de los ochomiles. El vigués Sechu López, con dos de estas cimas en su haber, lo explicaba en su blog (sechugalicia) el pasado 26 de junio, al recordar a otros compañeros recientemente fallecidos: 'Os montañeiros non imos á Montaña a morrer, senón todo o contrario, imos VIVIR. Coñecemos e asumimos certos riscos, propios das actividades que realizamos, e saber que podemos perder a vida en calquera momento fainos saborear cada instante dela (...). Somos insignificantes comparados coa grandeza das montañas, pero somos grandes para quen nos aprecia e admira. Nós só imos alí porque é o que nos gusta, o que nos ilusiona e apaixona, o que fai que a nosa vida sexa interesante, por e para nós, é algo tan sinxelo como que sentimos a atracción das grandes montañas... unha especie de canto de sereas. Estar na Montaña é fantástico, somos felices'.

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