Cuatro horas diarias de trabajo por treinta segundos de ensueño
fútbol sala
El redondelano debutó en Primera División tras dedicar toda su vida al fútbol sala
Todo niño que alguna vez practicó un deporte soñó con poder competir en la élite. Muchos de esos jóvenes se pierden por el camino, las lesiones les castigan, los estudios les superan o la calidad no les acompaña. Dentro de ese selecto grupo de aspirantes al cielo deportivo, solo un porcentaje mínimo, respaldado por la fortuna y el esfuerzo, llega a la práctica profesional. En Noia hay un joven ala que puede decir que lo logró.
Nicolás Cuello Blanco (Redondela, 2006) lleva desde muy pequeño dando toques a un balón de fútbol sala por los diferentes pabellones de Galicia. Su trayectoria hasta Primera División comenzó en el Campito, donde permaneció hasta el segundo año de infantiles; continuó en el Redondela y, tras un breve paso por el sénior del IES Coruxo con edad juvenil, regresó a la disciplina azul para cerrar la campaña 2024/2025.
Todo parecía indicar que seguiría en A Marisma para el siguiente curso, mucho más tras haber liderado al club en la promoción de ascenso a Tercera División. Fue entonces, en julio de 2025, cuando recibió la llamada con la que muchos sueñan. "Estaba tranquilamente en casa cuando recibí un mensaje del director deportivo preguntándome cuándo podía llamarme. Me entró una adrenalina increíble. Siempre había soñado con jugar en un club grande como el Noia", narra el futbolista.
Esa llamada fue clara: toda posibilidad de dar el salto al primer equipo pasaba por el esfuerzo y el trabajo desde el primer minuto. En agosto arrancó la pretemporada con el filial noiense y tres meses después, en noviembre, fue convocado por David Palmas para entrenar con el primer equipo. Así comenzó una intensa rutina de entrenamientos que le llevó a dedicar una media de cuatro horas diarias, compaginando ambos equipos de forma voluntaria.
"Sobre las diez, empezaba a entrenar con el primer equipo hasta la una de la tarde. Después comía, tenía tiempo libre, aunque intentaba ir al gimnasio para fortalecer el físico, y a las ocho y media entrenaba con el Noia B. A las diez de la noche acababa, cenaba y me iba a dormir", relata Nicolás. Una rutina diseñada para acercarse un paso más al objetivo de debutar en el fútbol sala profesional.
Tres convocatorias con el primer equipo pasaron antes de su estreno. Recordará siempre el desplazamiento a Córdoba que, lejos de frustrarse por no jugar, fue "una experiencia muy especial" al compartir concentración con un equipo de Primera División. A la cuarta llegó la oportunidad soñada.
El 28 de abril de 2026, 650 espectadores en el Agustín Mourís y el marcador señalaba un contundente ocho a cuatro del Noia sobre el Manzanares. A falta de un minuto, llegó la llamada del entrenador: "¡Nico, ven rápido que entras!". Se quitó el peto, se lo dio a Thierry y el sueño se hizo realidad. Treinta segundos imborrables en los que todo el sacrificio realizado por el fútbol sala daba sus frutos. Fueron instantes en los que Nicolás sintió presión por no cometer errores, pero sobre los que reinó el disfrute al máximo de una experiencia para la que había remado tanto.
La pregunta con ese contexto, era clara. “¿Cuatro horas diarias por treinta segundos en Primera? ¿Merece la pen..?”. "Lo haría toda la vida. El fútbol sala es un deporte que me apasiona y que me hace olvidarme de todo lo demás. Si hiciera falta entrenar ocho horas para volver a jugar otros treinta segundos en Primera División, lo haría". No dejó ni acabar la pregunta.
Este curso lo arrancará con el filial, con quienes hará la pretemporada. Su comodidad y el deseo de regresar al primer equipo le hicieron no escuchar ofertas del exterior. Nadie le aseguró que así será, como en su día, pero tiene muy claro que seguirá trabajando para aprovechar nuevas oportunidades. No será un sueño por cumplir, será una realidad por repetir.
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