Amor hacia las jugadoras
Balonmano
Ana Seabra, que ejerció de seleccionadora de Irán, admite que “ellas viven oprimidas”
La entrenadora del Mecalia Atlético Guardés, Ana Seabra, vivió en los últimos meses una de sus experiencias más peculiares y profundas porque ejerció de seleccionadora de Irán en los Juegos Islámicos y en el Campeonato del Mundo. Todavía no sabe si seguirá y la situación del país, en plena oleada de protestas, añade incertidumbre al futuro. De hecho, en los últimos días, la lusa se mostraba preocupada por la situación de cada una de las deportistas hasta que “el domingo pude hablar con ellas y me confirmaron que están bien. Fue cuando volvió un poco Internet y estoy más tranquila”, admite la entrenadora.
Una situación social que no sorprende a Seabra tras semanas intensas al frente del banquillo de Irán. “Sabía que las cosas no estaban bien como estaban”, comienza a decir la preparadora, para añadir que “es algo que pude comprobar durante el Mundial al hablar con la jugadoras”. A partir de ahí, comienzan los detalles, las cuestiones del día a día que cambian percepciones. “Había muchos comportamientos y cosas que no entendía bien por cuestiones culturales, que me costaba adquirir, pero yo preguntaba y comprendía algo mejor”, explica. Pero también indica que “había otras que, como mujer europea, no concibo el poder aceptarlas”.
En cuanto a las jugadoras y su implicación social, explica que “ellas tienen acceso a Internet y pueden ver lo que hay por el mundo adelante. Saben que viven reprimidas y sumisas a una cultura que no las deja ser ellas mismas. Las mujeres no tienen los derechos que tiene el hombre y saben lo que hay en otros lugares”. Una realidad cotidiana que se traduce en muchos aspectos de la vida y que se traslada al balonmano en los mencionados detalles, como no poder dar un paseo fuera del hotel a lo largo del Mundial. “Es una situación que agobia mucho. Ellas están algo más acostumbradas pero a nosotras, como europeas, todavía nos agobiaba un poco más. No es forma de vida”, añade Ana Seabra.
Las jugadoras poseen acceso a internet y saben que no tienen los mismos derechos que los hombres"
Todos estos aspectos los comentaba la preparadora con un grupo de jóvenes que, en contra de lo que podría pensarse, tienen un nivel educativo alto. “La gran mayoría entiende el inglés y lo intentan hablar. Además, tienen muchas ganas de aprender y se esfuerzan”, indica la entrenadora. Eso sí, entre las medidas de control estaba el uso del velo: “Al ser una selección oficial, en todos los entrenamientos y partidos tienen que llevarlo, es algo que viene impuesto. Después, en su casa, ya no es obligatorioi. Todo lo que son ámbitos políticos, culturales o académicos, tienen que utilizarlo, pero es algo que no les gusta”.
Seabra destaca la labor deportiva de las jugadoras, su nivel de interés en el aprendizaje y su implicación en el grupo. No obstante, admite que para crecer sería preciso cambiar cuestiones deportivas, pero también sociales. “Tendrían que poder ir al extranjero y militar en otras ligas más competitivas. Pero no dan permisos para salir del país y, por ejemplo, las mujeres casadas tienen que recibir el visto bueno del marido para hacerlo”, expresa Seabra. Y lo enlaza con la situación existente en Irán porque “hay muchos problemas alrededor de cuestiones sociales y de género. Por eso llegó esta revolución. No es solamente la parte de los derechos de la mujer, también está la parte económica y la parte social. Espero que les vaya bien, pero es una lucha que hay que tener porque es agobiante vivir así”.
Es otra cultura; había cosas que comprendía y otras que, como mujer, no concibo aceptarlas”
En esta situación general y con las dificultades para trabajar, Ana Seabra admite que se mantuvo todo este tiempo con la selección de Irán y no descartó seguir por “los lazos que se crean con las jugadoras. Seguí adelante por ellas, son increíbles", resume. Cuenta que en las semanas con las deportistas, se dio cuenta de que “son trabajadoras y quieren aprender todo el tiempo. Tenía una lateral extra y me pedía vídeos de las rivales porque quería aprender de ellas. El interés que tenían por mejorar y de hacer más y más siempre estaba presente. Además, todo el rato me daban las gracias por estar con ellas, son muy agradecidas”.
En el plano puramente deportivo, la preparadora se sorprendió por el nivel de las jugadoras. “Es un proyecto de futuro. De crecimiento. Hay muchas deportistas con una gran condición física y tienen la preocupación por evolucionar en este aspecto, además de poseer técnica individual. A partir de ahí, no conocen la experiencia del balonmano europeo y eso se notó mucho en el Mundial. Una de las cosas que mejoraron fue la competición y avanzaron mucho. Estas mismas jugadoras, con oportunidades fuera del país, con otros entrenadores y otra intensidad en el trabajo, van a crecer mucho”, asegura Seabra con mucha rotundidad.
Con las protestas, estaba preocupada hasta que el domingo pude hablar con ellas; quedé más tranquila"
En cuanto a los resultados, admite que era complicado un Mundial en el que sabía que iban a perder por mucho la mayor parte de los encuentros, pero “era parte del trabajo. Quería tener momentos dentro de estos partidos en los que pudiéramos competir y no perder todo, todo el tiempo”. A ello se añade que “conseguimos el bronce en los Juegos Islámicos, que es la primera vez que lo pudo obtener Irán”. Todo ello con unos meses de trabajo y con unas estructuras malas, pese a que “las jugadoras son profesionales o semiprofesionales y, además, estudian. Lo que pasa es que la liga de Irán tiene un nivel bajo, con muy poca intensidad. Las estructuras son malas y el entrenamiento que se hace, igual. Modificando la calidad y la intensidad de los entrenamientos mejoraron mucho. Y más que lo pueden hacer", describe la portuguesa del Mecalia Atlético Guardés.
Su llegada a Irán pudo sorprender en A Guarda, pero también fue una sorpresa para las jugadoras y así se lo hicieron saber. “Me preguntaban el motivo de aceptar ir allí. Yo le dije que por ver una realidad diferente y ayudar. Ellas lo agradecían siempre”, relata. Y asegura que el balance “fue muy bueno porque pude sentir que ellas estaban aprovechando la oportunidad y tener este sentimiento no hay dinero que lo pague”. Pese a todo, lo importante fue ayudar a las jóvenes iraníes.
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