Marcos M. Reboredo
'El ser querido': Bardem, Luengo y trece años de silencio
Hay algo incómodo en volver a mirar a alguien que lleva demasiado tiempo fuera de tu vida. Más aún cuando ese alguien es tu padre. Trece años sin hablar, sin verse, sin saber muy bien qué hacer con las palabras cuando por fin toca compartirlas. Sorogoyen no necesita grandes explosiones para generar tensión en 'El ser querido'. Le basta con dos personas que se conocen demasiado y, al mismo tiempo, son casi desconocidas.
Sorogoyen vuelve a moverse en ese territorio que tan bien conoce, aunque esta vez el thriller cambia de naturaleza. Es también una evolución dentro de su trayectoria en la que cada nueva película parece mejor que la anterior, incluso partiendo de títulos tan notables como 'Que Dios nos perdone' o 'As Bestas'. Sorogoyen continúa explorando el thriller (¿un thriller emocional?), pero cambia el contexto, los conflictos y la manera de mirar a sus personajes.
Javier Bardem está inmenso. Pocos actores pueden sostener una interpretación con esa capacidad para llenar cada plano y vuelve a demostrar que pertenece a la élite mundial. Victoria Luengo no queda a su sombra y logra que la película no sea un monólogo interpretativo. Entre ambos construyen una relación en la que todo está fuera de sitio. Una conversación que no encuentra su ritmo, un silencio que se alarga más de la cuenta y un gesto que parece fuera de lugar. Hay, además, una ironía dolorosa en esa relación: la hija se parece a su padre más de lo que cree o de lo que le gustaría reconocer, precisamente por ser el hombre que aborrece.
Para quien disfruta del cine, 'El ser querido' ofrece otro aliciente: la radiografía que hace del cine dentro del cine. El rodaje, las jornadas maratonianas, la convivencia, las relaciones entre iguales, los egos y las tensiones que aparecen cuando un grupo de personas comparte durante horas un mismo proyecto. Sorogoyen convierte ese mundo en parte del relato y juega también con la propia forma cinematográfica. Los cambios de formato y tamaño de imagen, junto al blanco y negro utilizado cuando el foco se desplaza del rodaje hacia la relación entre padre e hija, parecen responder a una idea de disociación, de cambio de mirada o de estado mental. La intención se entiende, aunque el resultado no termina de ser tan claro para el espectador como probablemente lo era en la cabeza del director. Es probablemente lo más discutible de una película apabullante y memorable dentro de su filmografía.
Sin embargo, 'El ser querido' tiene la mala suerte de llegar un año después de 'Valor sentimental', justo cuando todavía resuena una película con la que comparte su punto de partida. En las dos hay un padre y una hija distanciados, todo aquello que quedó sin decir y, además, un padre director de cine que ofrece a su hija un papel en su próxima película. Las similitudes son demasiado evidentes como para no levantar alguna ceja. Sorogoyen e Isabel Peña, la guionista, fueron los primeros en hacerlo cuando descubrieron la coincidencia. Por este motivo, en Cannes ya se fue de vacío, pero basta con verla para entender que las comparaciones se agotan muy pronto. Si 'Valor sentimental' busca el abrazo, Sorogoyen prefiere la herida. Una es más íntima y sentimental y la otra se mueve en un terreno mucho más áspero, donde las emociones parecen incapaces de encontrar una salida.
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